¿Cuántos extraños caben en un único cuerpo?



La chica que ha venido a tomar las medidas de los armarios ha fingido no mirar en el interior de ellos, pero he descubierto que sí, que miraba de reojo mis cosas. Las fotos, los zapatos caducados, las bolsas de deporte que nunca contendrán objetos de deporte. Todo eso ha debido ver.

La he dejado sola, fingiendo una tarea de esas imaginarias que me reclamaba en la cocina. Como cuando finjo que hablo por el móvil, siempre que no deseo saludar a nadie. Me he hecho una experta en ese arte, casi tanto como cuando toco la batería imaginaria. Ella sola se ha debido sentir tentada. ¿Qué ha debido hacer mientras yo fingía en la otra habitación?

Me equivoqué al tomar las medidas -no podía ser de otra manera- y resulta que ni los cajones han de ser tan pequeños ni los estantes tan grandes. Ahora resulta que no sé tomar medidas y si lo pienso detenidamente, tampoco es tan raro. Tan raro en mí, quiero decir. Me he pasado mucho tiempo intentando enmendar errores de medida: que si demasiado blanda, que si demasiado compasiva, que si demasiado cabrona, que si demasiado ingenua...

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Total, que hace días que la tengo en la cabeza. Qué grande que es.

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El presupuesto. Mis fallos de medida han hecho que me cueste más dinero de lo que pensaba. Este error con dinero se paga; los otros, ni volviendo a medir.

Curiosamente, me ha desaparecido un CD de Marlango y otro de Tom Waits.

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