Genial que ella se haya llevado el óscar (porque esa tipa me recuerda a mí cuando me cabreo por cuestiones amorosas)

Recibo una carta de una profesora que pide que trate de resolver su caso, extraño y sugerente; pero me temo que no sabré qué hacer para que todo se le vuelva a la normalidad. La transcribo:


Querida Blenk,

No me extenderé demasiado, su tiempo es oro y el mío... el mío no es más que bronce del malo, por decir algo. Disculpe la broma, pretendía aligerar la introducción a mi caso pero es mejor que lo cuente sin más preámbulos baratos.

Soy profesora de una asignatura optativa. Una de esas pequeñas asignaturas que sobrevive gracias a los alumnos que se apuntan a clase, aún sabiendo que no les servirá para nada de provecho (entiéndase el "provecho" como algo relacionado directamente con los euros).

Hasta aquí todo bien. Ahora entra en juego el plan Bolonia, los itinerarios, los diseñadores de asignaturas absurdas y grises, los nuevos planes de estudio, los grados, las menciones, los másters.. y tantos conceptos que me resulta cansado repetir.

Y entonces es cuando mi pequeña asignatura se queda fuera de las listas, apartada de la modernidad y de los nuevos estudios que se supone que van a salvar el mundo.

¿Quién me salva a mí? ¿Y quién va a salvar mis botas?

Blenk, le dejo mi número; llámeme, por favor se lo pido.

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Y ahora me voy a dormir llena de interrogantes amarillos.

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