Si un día perdiera la cebeza supongo que uno de mis primeros delirios consistiría en hacerme adicta al Baileys

Entro en un Caprabo y me gasto 11,99 euros en una botella de Baileys. Subo a casa y me preparo una copa en vaso largo con cuatro cubitos de hielo. Me enciendo un pitillo y me tomo la copa un poco angustiada, intentando mantenerme serena pero sabiendo que me pasaría toda la tarde allí bebiendo sola. Escuchándome a mí misma.

Y no estoy mal, mis queridos enemigos, no estoy mal.

Es sólo que a veces una necesita invitarse a beber para olvidarse de quién es y qué hace en el mundo. Y he pensado en toda la gente buena que conozco. Pero también en toda la mala.

Casi media hora de pensamientos y divisiones entre dos. Así han llegado las cinco y pico y me he ido a coger el tren. Y allí, lo de siempre:

- Los imbéciles de turno leyendo el libro del niño del pijama a rayas (lo que deberían hacer es leer el diario de Ana Frank, joder, que eso sí que es espeluznante)

- Los ejecutivos de turno alardeando del último modelo de nokia, ipod, iphone, ibook, idiota, y yo qué sé qué. A ver, que yo soy la primera consumista, no lo niego, pero no voy con esa pose estirada, triunfadora de la vida, que mira por encima del hombro a todo ser humano que lleve unas converse sucias como las alcantarillas.

- Las pijas catalufas que van de catalufas y hacen más faltas de ortografía que pelos tengo en la cabeza. Qué gracia me hacen las muy tontas, defendiendo a su patria y la mayoría no son ni de Catalunya. Y luego chillan por la independencia y chillan haciendo faltas de ortografía. Me río en vuestra cara. Me río porque yo sí he nacido aquí y por lo menos tengo el nivel C de catalán y media carrera aprobada de Filología Catalana. Hombre, que ya está bien, tanto desprecio, tanto desprecio.

- Los que llevan una camiseta del tipo "no a las corridas de toros, sí a los castellers". Sí, esos que critican las corridas de toros y luego ponen a sus hijos a hacer de castellers. Juas, sí, esos críos que hacen de anxaneta y ponen en peligro su vida. Ah, no, perdón, que ahora se ponen casco, es cierto, que seguro que existe ya una ley -impulsada por la Generalitat, cómo no- que multa a los respetables padres que no les ponen el casco a su hijo/a para que no muera desnucado.

- Los que escuchan Antònia Font porque queda bien y se piensan que dismulan al hortera (o a la hortera) que llevan en su interior.

- Los que van de profesores aplicados y volcadísimos en su profesión. Que darían su vida por los nuevos planes de estudio, para que ya no se hable de "asignaturas", ni de "clase magistral" sino de "aprendizaje", "módulos", etc.

Aparte de esto, el tren me resulta de lo más entretenido.

Supongo que aún me dura el efecto de la copa.

Últimamente, sólo me hacen llorar las cosas buenas. Como las canciones de Maria del mar Bonet.

PD: Por cierto (es que hoy me apetece hablar, mira tú por dónde, el otro día vi un fragmento en la tele del Mercat de Música Viva de Vic y casi me da una úlcera: un grupillo hacía una versión de Què volen aquesta gent? (siento enlazar esta versión en rollo peruana, que no me gusta, pero es la única que he encontrado) en plan rumba catalana. Los habría metido en la cárcel directamente. Una obra maestra como esa canción cantada en plan jolgorio y con ese tonillo tan terrible que tiene la rumba catalana. Ufff, si por mí fuera la prohibía. Espero que Maria del Mar no llegue a escuchar jamás esa desgracia de canción.)

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