Imágenes que retengo tan sólo un día pero que recuerdo durante meses



La conductora del bus es muy guapa. No es que esté buena, es que es guapa. Reguapa. Me he subido al bus y era la única pasajera, pena que el trayecto tan sólo haya durado unos minutos. Sonreía al saludar a los otros conductores con los que se cruzaba en el camino, se nota que les cae bien porque le decían hola muy contentos.

Me ha dado por imaginar que conducía para mí, sólo para mí. Que el autobús me había sido reservado a mí sola, vaya privilegio. Por fantasear, que no quede. Al llegar a la parada he dicho "adéu" en voz alta y ella me ha despedido con la mano. Me hubiera gustado decirle a qué hora me podía pasar a recoger, para que me llevara también a casa.

Pero a la vuelta me he subido en un bus conducido por un tipo algo feo.

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Llevo triste desde anoche por Elena. No se me va de la cabeza. Y no sé qué hacer, no sé cómo comportarme, qué decir o qué pensar. La vida es muy injusta y me cabreo con todo lo que pienso que puede hacerle daño. No entiendo algunas cosas de este mundo. Ojalá pudiera darle lo que necesita pero al fin y al cabo soy humana y no tengo superpoderes, por mucho que a veces lo finja.

Elena, que es una reina; Elena, la grande; Elena, la más guapa del barrio. Qué sola, Elena, qué sola. Y yo me quiero estar sola a tu lado el tiempo que quieras, el tiempo que te haga falta. ¿Sabes? Conmigo no se quedaba nadie, yo siempre pensaba en la canción de los Smiths, aquella que decía que si eres tan guapa, tan lista, tan preciosa, tan tan tan...entonces, ¿cómo es que nadie se queda a tu lado? ¿cómo es que duermes sola otra noche? Y era así, me pasé mucho tiempo cuestionándome todo aquello. Yo pensaba que tal vez la culpa era mía, no sé, que lo mismo me fallaba algo, no sé, mi intolerancia, mi poco sentido de la orientación... qué sé yo.

Y dejé de pensar un día. Y me volví algo cobarde. Y pasaron muchas cosas durante aquellos años. Cosas que jamás explicaré aquí, historias que nunca contaré a nadie. Porque son sólo mías y de otras personas. Pero después de todo aquello tuve suerte. Mucha suerte.

Y una de las cosas que más fastidia oír cuando tú estás mal es que alguien te diga que todo es pasajero, que todo pasa, que al final la vida termina bien. Yo no puedo decir eso. En realidad, no puedo hacer nada. Ni bueno, ni malo. Y así me siento de impotente.

Me habría gustado cenar contigo esta noche pero trabajabas hasta tarde y tal vez no nos hubiéramos atrevido a hablar.

Todo esto tan sólo es porque al ver a la conductora rubia guapa no he podido evitar pensar en ti y desear que ella te hubiera raptado y que se te hubiera llevado a comer cerca del mar.

Y así lo que ha empezado como un post algo tonto -porque ya es viernes y estoy en la cima- ha terminado como un post escrito en mal directo. Como esas botellas lanzadas al mar. Pero a la mía se le ha metido agua y el mensaje que queda resulta ilegible.


PD: Me encanta, me encanta, me encanta. Cada vez más.

Y sí, me he hecho fan de los videoclips de Luis Cerveró.

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