Espero no volver a tropezar conmigo misma -como hace tiempo- que, si no, mal vamos (a pesar de las torturas, me salva el viernes, la semana empieza)




Al volver del trabajo (hay días en que tomo cuatro trenes y cuatro autobuses, para que luego digan que no soy ecológica porque no reciclo la basura, ja) escuchaba esa canción. Y volvía a pensar en lo buena que es. Y miraba por la ventanilla y me parecía frenética la velocidad del bus. Nos podríamos haber estrellado todos. Y la canción sonando. Seguiría sonando cuando yo tuviera la cabeza abierta y la chaqueta manchada de sangre. Ya daría igual. Nadie apagaría el reproductor. Se apagaría solo, cuando ya no le quedara batería.

O sea, que hay cosas que se apagan porque les falta batería y hay cosas que se apagan porque les ha llegado la hora.

De nuevo me disperso, no deseaba escribir nada de lo anterior. Tan solo recordar esa canción y lo bueno que era el videoclip. Algunas veces nos formamos juicios de personas o situaciones que al final están equivocados. Que todo lo negro es negro y que todo lo blanco es blanco.

Pero las señoritas también escupen.

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