Los zapatos de Marilyn aún están llorando por ella



El botón rueda del ordenador no me funciona cuando intento desplazarme hacia el inicio de cualquier página o documento. En cambio, si lo que deseo es ir hacia el final, no hay problema porque va estupendo.

O sea, que ir hacia atrás es fácil, no cuesta esfuerzo. Ir hacia delante es lo peor.

Maldita manía mía la de establecer semejanzas de todo con todo. De las cosas absurdas con las trascendentales.

Fácil dejarse llevar cuesta abajo. Impulsarse por la rueda del ratón. Complicado trepar y resbalarse.

Está claro que esta noche no me funcionan demasiado bien las subordinadas, sólo me salen frasecillas poco elegantes y desconjuntadas.

Ahora soy dueña legal de veintiséis páginas mecanografiadas en arial, con interlineado de uno y medio. Gran tesoro. Gran tesoro. Para una pirata a la que le duele la parte derecha de la boca.

Nunca me gustó tener que comer sólo con la mitad de los dientes.

Ir hacia delante. Aunque sea atreviéndome a susurrar a la hora del desayuno. Cuando nadie te presta demasiada atención.

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