Sin puntos de giro no existe nada que valga la pena, ni temblores de alma ni resbalones por mirar un cartel en la autopista



Al principio, los suspensos de las notas de la universidad carecían de importancia. Podías tener un montón de suspensos y no pasaba nada. Después, con alguno de los innumerables cambios de normativa académica, te lo tenías que pensar antes de presentarte a examen a probar suerte porque las convocatorias no eran infinitas. Por lo tanto, no se podían desperdiciar así como así, suspendiendo alegremente.

Y así fue como surgieron los no presentados.

Como una especie de respuesta a los cobardes. A los que no se atrevían a gastar sus opciones. Los no presentados eran los que mejor nadaban y guardaban la ropa. Ellos guardaban la nota, no se la jugaban hasta que no lo tenían muy claro.

Y mientras, el resto, nos empeñábamos en probar suerte. Y gastábamos convocatorias como quien se gasta la calderilla en caramelos para no agujerearse los bolsillos.

Sigo gastando convocatorias. Tal vez ahora más que nunca.

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Acabar la primera noche de la semana con un secreto. Que mi preferida de Suzanne Vega sigue siendo Gypsy. Que aún me la sé de memoria. Que tiene una de las mejores letras del planeta.

Si miras con atención, verás que en Barcelona -a cada paso- Suzanne Vega te mira desde arriba. Y que también te cuenta secretos.

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