Una canción hipnótica, un sábado conmigo misma, estar sobria, apagar las luces para entender mejor



Este sábado duermo sola. Ella tenía un compromiso muy compromiso. No recuerdo el último sábado que dormí sola, debe hacer años, no exagero. Por esas casualidades de la vida, me he enterado de que otras dos personas que conozco –que son pareja- también pasan la noche a solas. Una de ellas escribe; la otra, es una artista de poemas visuales. Quiero leer su novela, quiero ver su exposición la semana que viene. Tengo suerte de conocer a gente tan grande. No es un post de peloteo, queridos/as enemigos/as, sino de reconocimiento, que a veces se nos olvida decir un simple “qué grande eres, qué brillante”.

Es una buena noche para estar un rato a solas. Conmigo misma. A ver si tengo narices de soportarlo.

Las vacaciones me han servido para leer una novela, pero también para descansar un poco de tanta ficción y salir a la calle cuando más llovía.

Esta tarde me han fallado varias estrategias para quedar con alguien; eso si contamos a los amigos invisibles. He salido a comprar cerveza, tostadas, leche y vino blanco. Analicen la lista de mi compra y sabrán qué tipo de persona tienen como vecina.

Me han pedido que escriba un cuento de tres páginas. Estoy angustiada, he redactado un relato pero no tiene ni pies ni cabeza. El planteamiento, nudo y desenlace ni asoman la cabeza por él. Me he liado con el narrador omnisciente y el autodiegético. Debería reescribirlo pero es que me da la impresión de que no es un cuento sino un post muy largo. Eso me pasa por meterme en sitios extraños.

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