O eres persona o eres personaje... (y yo sigo sin poder elegir)

La sola.

Sigo siendo la sola que se sentía sola en las discotecas cuando el resto se lo pasaba de muerte. Los vodkas, los cigarrillos, los escotes, los muertos entre los vivos, los muertos entre los vivos.

Qué sola. La sola. Qué sola. Sigo queriendo escapar de esos sitios donde me ahogo, donde me quedo ciega, donde se me ensucia la vista y me asquea la música.

Rezo para que pongan Los Planetas. Para que acuda Superman a mi llamada. Pero él nunca acude. La sola se queda sola. Ningún otro solo. Ninguna otra sola.

¿Te acuerdas, Elena? ¿Te acuerdas de cuando quedábamos para ver los puestos de libros por Sant Jordi? Y nos comprábamos un libro cada una. Y nunca teníamos rosa. Qué solas éramos tú y yo, qué solas.

Ya no es saudade, es otra cosa que identifico muy bien. He llorado mucho este mediodía de calefacción apagada y cafés templados. No puedo ir al trabajo con esta cara pero no me da tiempo de cambiármela, me queda justamente una hora que estoy empleando en quemarme más y más por fuera.

Si ahora pudiera, me largaría bien lejos. A lo mejor, le pediría a mi madre que intercediera por mí para que me dejaran entrar de nuevo al monasterio del verano.

Es que me echaron la última semana al ver que no había dejado de escribir.

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El CD de PJ Harvey que me pone triste. El ratón del ordenador con las pilas gastadas para impedir que escriba una tontería de la que no me arrepentiría. Un me he colgado de ti que se queda a medio camino. La foto que nunca conseguí. El autógrafo de su nombre. La novela de Orwell que se me impone ferozmente y a la fuerza. Mi tesis doctoral más huérfana que nunca. Sentirse libre pero más rota que nunca. Entender el dolor de los otros pero nunca el propio. Beber cada día el zumo de dos naranjas menos los domingos. La piel de mis manos cortada por el frío. La vista que me falla; la intuición, que me hunde. Yo, más segura que nunca, pero más temblorosa. Los barcos que se hunden antes de zarpar. La bicicleta que no me atreví a comprar. Los mejores bikinis del mundo (¿de baño o de comida?). Carol, en pleno ataque surrealista. Carol, a punto de hacer un fundido a negro pero dudando porque tal vez un encadenado sea más suave para la ocasión. El móvil que no deja de sonar en mi mente pero que permanece en silencio. Mis vaqueros secándose al sol, forcejeando con las pinzas porque desean evadirse.

Vuelvo a cansarme de escribir (me). Me encantaría recibir una carta pequeña y secreta.

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