Esas cosas curiosas que te pasan un miércoles por la mañana mientras deseas estar en otro lugar y con otra persona



Antes lo que más me preocupaba era contar las cosas bien, ahora lo único que me interesa es simplemente narrar. Por eso escribo más que antes, por eso lo hago de forma compulsiva, ajetreada y rápida. Incluso he recuperado la Olivetti verde para comprobar que funciona. Y seguro que aún está estupenda porque las máquinas de escribir son como los zippo: nuncan fallan. Su mecanismo es tan sencillo como infalible y por eso siempre me ha gustado rodearme de este tipo de artilugios que apenas tienen mecanismo. Nunca te dejan tirada.

A media mañana he recibido una llamada de mi madre.

- ¿Carolina?
- Díme, mamá.
- ¿Puedes venir a casa? Tengo un problema.
- Y yo tengo cien…¿tiene que ser ahora precisamente?
- Hija, no puede esperar.

Cuando mi madre me llama “hija” es que sí, que hay algo que no puede esperar así que he cogido el bus y me he plantado en su casa. Al entrar la he visto en el jardín: las manos sucias de tierra, todo el suelo lleno de ramas y herramientas de jardín, una locura, vaya. Me ha explicado que iba a quitar la enredadera porque una plaga se había apoderado de ella. Le he dicho que tal vez no era para tanto, que fumigara y que intentara salvar la planta. Me ha pedido que echara un vistazo de cerca…

- Ufff, esto es una plaga…
- Ya te lo he dicho, me tienes que ayudar a sacar todas las raíces para que no vuelva a crecer porque me está matando los rosales de al lado.
- Vale, tranquila, te ayudaré.

Nos hemos puesto a la tarea. Yo no pensaba que aquella enredadera pudiera tener unas raíces tan gordas y tan profundas. Lo cierto es que he tenido que sacar todas mis fuerzas para que no quedara ni una sola raíz.

Mi madre, que trabajó como jardinera en Londres, me ha explicado muchas cosas de las raíces, y todas muy interesantes. Me ha ido guiando para que hiciera bien el trabajo.

- Carolina, no hace falta que saques las raíces pequeñas, esas están sueltas y no molestan. No volverán a crecer. Las malas son las profundas, las más grandes. Si dejamos alguna, la enredadera volverá a crecer…

Ahora, ya en mi casa, siento lo mucho que me duelen las manos y la espalda. Entiendo lo que significa la expresión “sacar de raíz” y lo que cuesta hacerlo de verdad. Mientras ayudaba a mi madre he pensado en todas las cosas que me gustaría sacar de raíz de mi vida y de las vidas de otras personas.

Y si lo he hecho con una enredadera, lo voy a poder hacer con mis historias.

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