La noche de un domingo en que el frío se me metió dentro de un botellín de agua y ya no supe cómo dormir con los ojos cerrados

Y es que...ses coses no són fàcils per ningú...

A veces me cambiaba por otra.
Por otra que no pensara tanto
Y hablara más.
Por otra que no caminara del revés
Cuando vislumbra mentiras pequeñas.

Que las mentiras pequeñas son las peores
No me lo imaginaba
Hace diez años.

Que me plantearía dedicarme
A otro trabajo
Diferente del que me juré,
Eso no es otra historia.

Tal vez las mentiras grandes
Son un poco como el agua
-Ni olor, ni sabor, ni color-
Y las pequeñas se te clavan
Como una china en el zapato.

(Y no estoy hablando de tipas orientales)

Casi me pongo a pegar patadas
A una mesa verde
Porque no consigo escribir
Ni un verbo en presente optimista.

Al menos uno. Uno por uno.
Que lo mismo me suma uno
Pero me duele menos
Que dos por cero.

Sigo llorando
Cuando voy a ver La Traviata.
Ya hay que ser idiota
Para salir de la ópera
Con el maquillaje roto
Y los labios descosidos
Sujetando un cigarrillo
Como quien sujeta un andamio
Con los párpados.

Y cómo duele.

Las mentiras pequeñas
Son indigestas,
Funestas,
Malvadas
Y calculadoras.

Me las quiero sacar de los bolsillos,
De los horarios del tren y del pelo teñido.
Me las quiero desterrar del armario
Y de la cámara de fotos.
Pero no puedo
Porque las mentiras pequeñas
Siempre son de otros.
Las propias son invisibles y enormes.
Torpes.

A veces me cambiaba por otra.
Por otra que no pensara tanto
Y hablara más.
Por otra que no caminara del revés
Cuando vislumbra mentiras pequeñas.

Pero no siempre me funcionan los deseos.

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