Una de mis fantasías era tener una novia que me viniera a recoger a una tétrica estación de Renfe



Todo el frío que he acumulado a las siete de la mañana se ha convertido en calor artificial a las doce de la noche. Sabía que él no me abandonaría. Intuía, en el fondo de mi cerebro, que él no me había dejado de lado.

A las siete cincuenta he buscado un bar donde se pudiera fumar y no había ninguno en un kilómetro a la redonda. Todos abrían a las ocho en punto. He sacrificado el sabor de la nicotina junto al del café. Y aún así he sonreído a la camarera. Le he dedicado una sonrisa en catalán.

A las ocho en punto he saludado a algunos conocidos que me desconocen totalmente. Me han colgado la gabardina al final de la sala -un detalle amable de una rubia cincuentona- y me han mirado bien. Sí, he dicho bien.

Casi a las dos de la tarde hemos terminado la sesión y yo he salido con el sombrero medio caído y la raya de los ojos casi invisible. El tren me ha echado un cable y no se ha retrasado. Mis botas tampoco. Ella tampoco.

Ser puntual es una muestra de amor.

Hemos comido juntas en un restaurante que sólo abre una sala de fumadores para nosotros. Y esta vez no miento. Somos las dueñas inverosímiles de una sala preciosa del siglo pasado, del XIX, que yo me quedé en el XX.

A la hora en que todo el mundo está haciendo números, invirtiendo en bolsa y discutiendo con los policías, nos hemos probado cuarenta y tres sujetadores, veinticinco tangas y doce pijamas.

Si digo que ella -a través de las cortinas del probador- me ha mareado, deslumbrado y descolocado todos y cada uno de los músculos, nervios y tejidos del cuerpo, tal vez vuelva a parecer hiperbólica. Ya tengo cita con el médico. Dice que me lo puede dejar en un simple síndrome metafórico. Ya veremos.

Soy feliz comprando ropa interior. Lo reconozco, es algo superficial, un gesto vanidoso, sin duda. Pero me encanta.

Y termino sin añadir un solo artículo más. Las frases clave que comiencen con el sustantivo o con el adjetivo.

Ya te has quedado conmigo. Y de verdad.

Y Elvis me ha vuelto a salvar.

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