A la impresora le salía humo y a mi cabeza también mientras el jueves se hacía largo como un chicle con azúcar



Yo nunca supe ser breve. Creo que uno de mis mayores defectos es la ausencia de brevedad. Ya conté alguna vez cómo descubrí el significado de la palabra "prolijo". Pues eso.

Cada vez recuerdo menos cosas.

No recuerdo, por ejemplo, haberle regalado a mi hermano ese libro de cuentos. Y menos aún habérselo dedicado. ¿Qué le escribiría?

No recuerdo, tampoco, la última vez que me teñí de rubia. ¿En qué año fue? Hoy he estado a punto de volver a las andadas. Pero me he vuelto a medio camino, antes de llegar.

Llevo todo el día dando vueltas al mismo tema. Mi futuro. El laboral, claro. El sentimental, nadie lo sabe. Ni siquiera los malos, menos aún los buenos. Me veo demasiado mayor para algunas cosas, demasiado pequeña para otras.

Y el cerebro centrifugando.

He pensado en Yukiko. La morena Yukiko. La del cuerpo blanco y los ojos oscuros. La que hace tanto daño que no te queda más remedio que quererla mientras te muerdes la lengua. Para no soltar prenda. Para que no se hunda el barco. ¿Dónde estará ahora Yukiko? ¿Con quién dormirá? ¿A quién le habrá destrozado la vida esta semana?

Deseo saltarme esta noche y amanecer mañana de noche.

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