Escuchando a Manfred Mann se me ocurren seis o siete estrategias seguidas para darle esquinazo a los buenos pensamientos

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Otro de los refranes de mi madre. Y añado: y antes a alguien que no te cuenta toda la verdad. Qué subjetivos los refranes. Como algunos colores.

Donde yo veo verde, algunos ven negro. Donde yo distingo amarillo, otros sólo blanco. Me paso las horas trabajando delante del ordenador, escuchando emisoras en inglés de véte a saber qué países europeos cercanos que a mí me suenan lejanísimos por el cansancio y las botas de agua que nunca se me secan.

En mi ciudad está nevando muy fuerte. Tal vez nos quedemos aislados. Por si acaso, he almacenado algunos cartones de tabaco rubio, un par de gafas de sol y algunos chicles de hierbabuena por si me entra algún ataque de pánico.

Ya no tengo miedo. Hoy me he vuelto a mirar al espejo y, por fin, me he visto en colores. Resulta que llevaba el pelo teñido y me acabo de dar cuenta de ello.

No se pilla antes ni a los mentirosos ni a los cojos. Los primeros en caer son los que no te dicen la verdad, los que la ocultan basándose en falsas teorías del dolor y de la sinceridad verdadera. A esos se les mira fíjamente y ya no es necesario decirles nada: que ellos ya se dan cuenta del mal que están haciendo. Y poco a poco, se ahogan.

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