Con 33 y sin pretender aprender a no cometer cacofonías

troncos

He pasado estos últimos días recogiendo leña. No sé si habrá suficiente para todo el invierno, no sé si será poca para calentar su voz y su piel. No tengo manos de leñadora sino de pianista, como siempre me decía mi padre. Me hacía creer que era guapa, que tenía un futuro más o menos perfecto. Al diablo la perfección.

Ahora mismo lo único que me preocupa es seguir consiguiendo leña para que el frío no se nos apodere de los deseos y del tiempo.

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