Somos como Sailor y Lula, me gusta



Ya tengo cosas para apuntar en el 2008, o sea, que esta semana me voy a comprar la agenda del año nuevo. Hace mucho, mucho tiempo, que llevo una agenda de esas enormes de piel en las que se cambia el recambio cada año. Es una agenda de ejecutiva que iba muy bien con mi vida anterior pero no con la de ahora.

Antes, yo era lo que se llama una adicta al trabajo, una tipa de esas que se va a la cama tardísimo porque tiene que cumplir unos objetivos, porque el trabajo está en la parte más importante de su vida y no sabe ver nada más.

No es que el trabajo fuera lo que más me importaba en la vida. Ahora me doy cuenta de que lo que me pasaba era que sencillamente no tenía nada más. Era una sola. Pero una sola adicta al trabajo. Cuántos domingos me he pasado en casa tan sólo para adelantar trabajo.

Ahora lo recuerdo y me entra pena. ¿Era la misma persona? Debía ser otra, sin duda. Una especie de ejecutivilla con la sombra pegada a la espalda. Qué tipa más aburrida, qué tipa tan invisible.

He descubierto unas agendas moleskine preciosas, son dietario y las fabrican en rojo y en negro. Creo que me compraré la roja. No quiero volver a llevar una agenda como la que tengo ahora. Además, este tipo de agendas me gustan mucho más porque las puedes guardar como si fuera un libro.

Y no, no me patrocina moleskine. Lo que pasa es que el post de hoy lo escribo porque si escribiera sobre la realidad de este fin de semana, tal vez nadie me creería.

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