Your side always was a bit lonely. But I wouldn't sit anywhere else.



Fotos de cuando era más rubia. Fotos sin retocar que parecen más falsas que las retocadas. De cuando no me querían de verdad. Qué malo es que te quieran de mentira. Pero ahora ya no recuerdo nada de eso. Mi ropa era más fea y más oscura. Ahora incluso me visto de rojo. Tengo ganas de ir algún día a los toros, que nunca he ido. De rojo.

El camino del trabajo al tren se me sigue haciendo largo y cuesta arriba. El otro día una señora trataba de subir unas escaleras mecánicas que bajaban. La señora era mayor y no lograba avanzar, claro, iba en sentido contrario. La escalera de al lado iba llena de gente y nadie reparó en ella. Una pareja se cruzó con ella en las mismas escaleras y no fueron capaces de decirle nada. Si no lo veo, no lo creo. Me dieron ganas de llorar. Por la señora desconocida. Siempre lloro por cosas tontas como ésta. Como el capítulo del señor Bergstrom de los Simpson. O algunas que me callo porque hay cosas que es mejor no confesar.

Tengo tortícolis, dolor de espalda y me he tenido que duchar dos veces. Cada vez nos sale mejor. O sea, que mi sombra ya no me da tanto miedo como antes. Ni quedarme sin trabajo, ni sin sillas en casa.

Me descubre música nueva y los anillos se me desperezan entre los dedos. Se me curan las dioptrías y los oftalmólogos llaman a casa y me amenazan con frases absurdas. Me quieren sacar dinero y yo les enseño la culata de la pistola asomando por el bolso. Ahora soy yo la que se ríe, queridos.

No quiero sentarme en otro lugar que no sea a su lado.

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