Sobre la isla, bajo la isla, en la isla, y que nadie nos descubra



Llego al domingo con el cuerpo rendido pero contento. Con ganas de escribir, de escribirte, de escribirme. Para que no me olvide de nada, ni del gusto del humo con insomnio, ni de los flanes caseros que te hice el sábado.

Esa foto me gusta. Estamos en un rincón secreto de la isla. Lo descubrimos de día pero lo disfrutamos de noche. Al principio había una silla únicamente, luego dos. Y dos sombras morenas que se ponen a bailar a la luz de los faros.

La luz de los faros es hipnótica si la miras en silencio. Ssssshhhhssss. Se refleja en el agua y entonces sólo te queda el misterio. Los submarinistas que se sumergen de madrugada y ariesgan sus vidas, qué miedo, yo nunca haría algo así. La luz de los faros. La echo de menos. Esta noche dudo entre dormirme poco a poco o seguir escribiendo hasta que los dedos se me tiñan de negro.

He descubierto que es mejor ser sincera. No engañar gratuítamente. Ya lo sabía pero era necesario redescubrirlo. Hay que ir con los ojos por delante, sin gafas de sol. Y dejarte el pelo suelto para hacer mejor el amor.

Cada día que pasa me crecen menos canas gracias a ella.

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