Si me (he) visto, no me acuerdo



Viernes por la noche. Me han venido unos amigos a buscar al trabajo. Hemos tomado algo en una terraza, supongo que alguna vez ya he dicho que no me gustan las terrazas de verano. Cuántas tonterías tengo. Hemos hablado, nos hemos contado las últimas novedades, lo típico. Ha estado bien escuchar a Elena y verle de nuevo los ojos. La echo de menos, ya no quedamos como solíamos quedar. Me he sentido algo triste. Y Elena tiene una gran historia que algún día tendrá que cerrarse. Y ojalá se cierre bien.

He vuelto a casa y me he preparado la cena:

- Gazpacho (con trocitos de pepino y zanahoria)
- Jamón
- Queso
- Maíz
- Melocotón
- Agua
- Pistachos

Me lo he comido en ese orden.

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Luego he recordado la primera vez que escuché a Marlango. Fue por casualidad que tenía puesta la tele y lo cierto es que me quedé muy embobada con aquella primera actuación en directo. Me llegó mucho. Ya, venga, decidme que Leonor está de moda y que gusta a todos, pero a mí me importa un pimiento. Creo que esa tipa tiene estilo y recuerdo ese viernes mirando la tele.

Lo peor, tal vez, sea no destacar en nada. No sentirte ni guapa, ni graciosa, ni simpática, ni responsable, ni nada de nada. Seguir siendo la chica de la fiesta que bebe vodka en un rincón, quedarte en un hueco oscuro y desear que llegue un vendaval que se lleve tus miedos para siempre, que se te borre la imagen de la rara en el patio del colegio, de los bocatas en los portales, de las aceras sucias de Barcelona, que cada vez te gusta menos, que cada vez te inspira menos belleza. Que no sé qué pensar.

Salir alguna vez guapa en las fotos. Todo debiera ser tan sencillo como eso. Ser inmortal me importa muy poco. Suelo despertarme con la ilusión de beberme el zumo de naranja como cada mañana. Qué cosas tan sencillas, ostia. Y me tomo el café de la cafetera nueva y sonrío porque me gastaré una pasta en café pero y lo bueno que está, que el aroma se dispersa y la casa se me llena del norte de África en unos minutos y eso es una maravilla, porque otra cosa no, pero el sentido del olfato lo tengo muy desarrollado, que hoy se me ha acercado una pija que llevaba un perfume que tumbaba de lo bueno que era, qué sensual, qué delicado, qué ganas de preguntarle la marca para salir como loca a comprarlo.

Leonor Watling tiene miedo a volar y dice que hace siempre un "protocolo de vuelo", que para quitarse el pánico se medio emborracha y así vuela mejor. Yo debo tener muchos protocolos de vuelo, ¿y qué? A veces me gustaría salir a la calle con velo, vaya afirmación más gilipollas. Volar con velo al centro de la tierra. Levantarme por la mañana y que alguien me admire, que alguien sienta que soy importante y que hago las cosas más o menos bien, con una lógica. Con velo o sin velo. Ser capaz de levantarme sin las piernas.

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