Te dejo una carta para que la leas cuando esté en el monasterio



Laura,

Me pareces aún más misteriosa que cuando no te conocía. Una noche te salvé y tú me devolviste la jugada salvándome un mediodía. Ahora lo recuerdo y se me hacen añicos las pupilas de tanto que me emociono. Cuando leas esta carta ya estaré camino del monasterio, mi madre me llevará en coche, son unas ocho horas de camino, en el sur, y ya sabes que a mí el sur no me tira demasiado. Qué misteriosa eres. Y cuánto hay en tu misterioso cerebro. Que por aquel entonces yo ta te quería, que ya me preocupaba por ti. Así que imagínate ahora. Con mis centinelas vigilando todo el día, para que no te hagas daño, para que no te hagan daño. Te veo mucho más limpia que antes, que yo nunca había visto una mirada como la tuya, en serio. Tanto que me conmueve. Te veo más perfecta que antes, cuando no te conocía. Y mejor persona, y más tierna, y más sensual, y más guapa. Que yo jamás había besado un cuerpo como el tuyo, pensaba que eso sólo les pasa a otros y a otras. A veces me siento como una hormiguilla lamiéndote los muslos y me sonrío porque eres algo secreto. Te veo más fuerte, más alta, más gigante, más lista. Y eso hace que me esfuerce en ser yo mejor persona. Ya no estoy tan torturada como antes porque trabajo cada día en mis casos y he dejado de detectivear para no hacerme daño. Tu presente está más limpio que cualquier desierto virgen de África.

Pero hay una única cosa que no puedes pedirme.

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