¿Puede uno llevarse el mar donde no hay mar? Ahora sé que hay una fórmula para conseguirlo, se necesitan varios aviones...



He ido a buscar a Laura al trabajo, ella no sabía nada así que ha sido una sorpresa de esas de verdad, de las que quedan pocas ya. He llegado diez minutos antes de que ella saliera por la puerta. Me he fumado un cigarro, me he conectado el iPod y me he puesto a vigilar la puerta del sitio donde trabaja. No he quitado la vista ni un solo instante, no vaya a ser que la chica salga tan rápida que no me vea. Pero me ha visto y nos hemos quedado asombradas de que fuera tan real, tan fuerte. Uala.

Me encanta la calle que tengo que atravesar para llegar hasta su trabajo. Hace un poco de cuesta pero nunca me cansa, la verdad. Es una calle que parece un poco de pueblo, a pesar de estar en plena Barcelona. Hay un sitio donde arreglan motos, una cafetería muy moderna, unas señoras que planchan la ropa que les llevas, un restaurante italiano tan pequeño como un dedal, una peluquería de las que pasas por la calle y huele tan bien que te dan ganas de entrar a cortarte el pelo…

Es una calle tan especial que no me parece que pueda existir. Pero existe. Y últimamente compruebo que existen más cosas de las que a mí me enseñaban cuando era pequeña.

Justo cuando he llegado al sitio ha comenzado a sonar Moon river. Y yo es que soy muy tonta para esas cosas así que he pensado que aquello era una señal, que alguien me estaba poniendo la banda sonora para que no me pierda. Y no me he perdido. Yo, la adicta a llevar mil mapas en el bolso.

Hemos pasado la tarde haciendo cosas de chicas: besándonos, mirando muebles imposibles, tomando bebidas rojas y fumando mientras avanzaba la tarde, hablando de cosas secretas, celebrando que he terminado los trabajos y que ahora sólo me falta aprobarlos (cruzo los dedos, los cruzo, los recruzo).

Nos hemos comprado una Moleskine de Madrid. Es una especial que lleva planos de las calles y del metro, hojas en blanco, apartados para escribir nombres de sitios para comer, bailar, etc. No es una pijada, es una preciosidad. Ya que somos adictas a Madrid, seámoslo bien, con estilo, claro que sí. Esta noche ya he apuntado un par de sitios para comer. Es muy estética, y yo me muevo por estética. ¿Y qué? ¿Pasa algo?

- ¿Sabes por qué nos gusta tanto Madrid?
- Pues la verdad…no lo sé…¿por qué?
- Porque nuestros problemas no están en Madrid.

Qué cierto. No puede ser malo que te gusten las cosas bellas.

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