Elvis será tu ángel de la guarda



Me quedé viendo cómo se alejaba su coche. Siempre lo hago y siempre pienso que ella me ve por el retrovisor, pero resulta que me acabo de dar cuenta de que no me ve, desde ese ángulo resulta imposible. Mejor.

Me quedé plantada en medio de la calle, justo entre las mesas de una terraza de verano llena de gente atiborrándose de frankfurts y coca-colas sin gas -de tanto estar aburridas sobre la mesa y sin hielo- que no repararon en mi pinta de naúfraga. En una mano, una bolsa con ron añejo y azúcar moreno de caña. En la otra mano, mi equipaje de fin de semana.

Estamos a lunes y ya la estoy echando de menos. Le escondí en el bolso mi último camel, todavía en la cajetilla. Fumátelo a mi salud cuando estés allí, te ayudará a no echarme de menos, será como si estuviera a tu lado.

Esta tarde, mientras se hacía de noche, ella ha encontrado el momento justo de fumar mi cigarrillo. Al caer el sol, sola como las solas. Como las solas de verdad que fuman sentadas en las rocas, mirando cómo se cierra el día. Que al final el día se cierra de golpe y si te entretienes un poco te lo puedes perder.

Me he pasado el día imaginándola mientras trabajaba mis ocho horas diarias. Y si no fuera por eso, ser detective no tendría sentido.

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