Carta de una tipa oscura un miércoles por la noche

Me he pasado la tarde comenzando un trabajo y comiendo sin parar. Que yo me dedique a comer compulsivamente siempre es indicio de algo. Prefiero no averiguar de qué. Dulce, salado y abstracto. Lo peor es cuando te pones a comer abstracto. Me acabo de dar cuenta de que también me he puesto a escribir compulsivamente.

Tengo miedo de hacer las cosas mal. A todos nos pasa eso, supongo. Nunca he sido una triunfadora, nunca he pretendido ganarme el cielo. Las cosas que pido son tan sencillas como pan, cerveza, dormir sin pesadillas y que los trenes no lleguen tarde.

Ahora me dedico a pedir libros de otras universidades. Hago uso del préstamo interbibliotecario, que es muy útil. Los libros viajan de una ciudad a otra, a mí no me da tiempo apenas a leerlos pero resulta divertido porque escribo mensajes en los márgenes para que alguien los lea, a muchos kilómetros de distancia. A eso me dedico, básicamente.

Elena me ha escrito una carta desde Londres, la he recibido esta mañana:

Carol,

Hace frío y tengo que encenderme los cigarrillos hasta cuatro veces seguidas para poder fumar más o menos bien. La casa donde vivo no me gusta demasiado porque las paredes son grises y me da la sensación de compartir alquiler con los hombres grises de Momo, ¿te acuerdas de ellos? Claro, tú estabas algo obsesionada con eso. Para variar.

[...] y por eso estoy preocupada. La veo allí, hablándonos de todos esos temas, tan real pero a la vez tan enigmática, tan lejana pero tan accesible. No sé, se me va la cabeza. Y sé que es imposible, que jamás tendremos nada, pero no puedo evitar fantasear, sobre todo cuando la veo mirándome y explicándome todas esas historias de libros y guerras. "Estoy tan bien como una puta en su hora libre", como decía Christina.

Tengo ganas de verte, Carol. ¿Cuándo tienes vacaciones? ¿Nunca? Ya, tú como siempre.

Te escribo de nuevo mañana. He dejado de usar Internet, vuelvo a la época de ungaunga.

Besos de Elena.

Vaya. Otro típico caso de enamoramiento de profesor. Aquí me parece que poco voy a poder hacer. Que se termine el curso, que la suspenda o que la mancha de mora... ya se sabe. Lo cierto es que conociendo a Elena me extraña mucho que le haya sucedido algo así. Bueno, lo dejo por hoy. Mejor me lavo los dientes y me tomo un vodka para dormir.


He decidido volver de Madrid porque no soporto estar sin ella. Que por muy bonita que sea la capital, no me compensa. Aunque tomar un café el domingo en la Plaza Mayor, mientras se derrumba el sol, es algo insuperable. Y más aún si la casualidad hace que te encuentres con un post-it de Paola Vaggio.

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