Te lo digo de verdad, tengo una death list seven...¿para qué negarlo? si al final todo se descubre, mejor que sea desde ahora



[Editado: la lista ya no es de five sino de seven, dios, voy a coger una úlcera...]

Si hay algo que me repatea es que le pongan mi nombre a un animal doméstico. Me parece una de las cosas más chabacanas que se puedan imaginar. Y no es que mi nombre sea intocable, no, que no se trata de eso. No me creo nada, ni voy de nada, ni siento que sea nada. Si sé que a tu perra o a tu gata la llamas “Carol”, pues mira, qué bien, acabas de incorporarte a mi “death list”. Ahora no recuerdo si era de “five”, de “six” o de “seven”. A ver…

1. Sí, ya, claro…
2. Hombreee, cómo no…
3. Bufff, aquí…
4. Justo en este lugar…
5. Podría estar aquí…
6. Su nombre aquí...
7. El último pero no el mejor por eso...

Vale, genial. Es como la de Beatrix. Estupendo. Eso es señal de buena suerte.

Sigamos. ¿Es malo no fiarse de tu propia sombra? Yo creo que no. Mejor ir por la vida con los ojos abiertos. Los tiempos han cambiado. Y de qué manera. Hace años, recuerdo que te lo dejabas todo tranquilamente en la biblioteca de la facultad: bolso, carpeta, dinero, etc. El móvil no, que aún no existía. Ahora, sin embargo, cada vez que entras en la biblioteca lees ese cartel terrible que te avisa de que tengas cuidado, que a la mínima te roban hasta las bragas. Ui, perdón, esa última frase ha sido muy ordinaria. Pero bueno, mejor ser ordinaria que chabacana. Mejor decir estas cosas que tener un bicho y bautizarlo con un nombre como el mío.

Hablábamos de fiarse o no de las sombras. Pues eso, que no me fío de nadie. Que a la mínima te la pegan. Que a la mínima te cortan los párpados para que no veas. Pero a algunos nos pueden cortar los párpados, sí, que da igual, que los detectives lo olfateamos todo, y el peligro aún más. Y a la gente le jode que seas un poco feliz. Eso jode mucho. Si eres feliz de la ostia ya es lo peor. Yo he sido muy infeliz, claro, como todos. Pero lo que hacía era no mirar a la felicidad ajena. No es cuestión de escupir sobre nadie. Si te fastidia, pues no mires. Tan sencillo como eso. Bueno, va a parecer que voy de consejera listilla pero nada más alejado de la realidad.

Cada día que pasa me doy más cuenta de que tengo un instinto animal increíblemente desarrollado. Ya se me podría haber desarrollado así el cerebro, joder. Es curioso porque el instinto animal puede ser cruel y tierno a partes iguales. Tierno, cuando proteges lo que amas, cuando consigues comida, cuando te acurrucas para dormir junto a alguien, cuando le tapas la lluvia, cuando le lames las heridas. Cruel, cuando atacas a los que te atacan, cuando velas por las noches para que nadie entre en tu casa, cuando fulminas con la mirada a los que se inmiscuyen en su piel.

Creo que sólo hay un motivo que puede hacer que se me dispare el instinto animal cruel. O tal vez sean un par, aunque ahora mismo sólo tengo en mente uno.

Hay personas que hacen tiro al blanco para aliviar tensiones. Otras, escribimos listas maravillosas -“death list five”- para no olvidar los peligros.

Sin duda, mejor ser ordinaria antes que chabacana. Es cuestión, como todo en esta vida, de matices.

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