Los secadores siempre me han parecido pistolas de humo caliente (post 462)



Cada noche me seco el pelo. Los secadores siguen dándome miedo porque pienso que cualquier día me explotarán en la mano. Los pongo al máximo aunque sé que las cosas no hay que forzarlas ya que si se fuerzan, bum, te explotan y todo se va a la mierda. Lo que me pasa con los secadores es que los pongo en el grado tres y debería conformarme con el dos. Que es más lento pero más seguro.

Hoy he tomado café con Elena. Me habría gustado tanto quedarme con ella toda la tarde... Me apetecía emborracharme con ella. Hace mucho tiempo que me apetece emborracharme en la intimidad. INT. Y pasar la tarde hablando, compartiendo secretillos. Pero yo no podía faltar al trabajo así que nos hemos despedido y he llegado cinco minutos antes de que empezara mi turno de tarde.

La tarde se me ha hecho tan larga como los días esos de verano en que te vas a la playa y se nubla y te cabreas y rezas para que salga el sol porque tú sabes que morena estás más buena y a ella le gustan las tipas morenas y tú lo que ansías es que te vea guapa la más guapa porque eso te da seguridad aunque sea seguridad de las tonta.

Elena se quiere marchar de voluntaria a África el año que viene, un par de meses. Le he dicho que no se vaya aún sabiendo que ella sueña con largarse. Supongo que no me necesita. Yo sé que si se va, la voy a necesitar más que cuando está aquí, un par de calles detrás de la mía. Elena necesita irse porque aquí se siente extraña. Yo lo sé, pero no se lo he dicho. Hay que agarrarse a algo: religión, drogas, solidaridad, partidos políticos, videojuegos, sexo, ficción... lo malo es cuando no sabes a qué engancharte y te enganchas a un espejo. Tu espejo. El que te devuelve cinco frases exactas en catalán, para que no las olvides.

Qué pena me da que la Plaça del Diamant la hayan dejado tan fea. Pero qué pena. No voy a hablar de las pintas que suele haber por allí, lo que me fastidia es que sea toda de cemento y que no se hayan dignado a poner ni un mísero recuerdo de Mercè Rodoreda. Bueno, la escultura que se dice que simboliza a la Colometa. Sólo por haber escrito Mirall trencat ya deberíamos adorarla como a un dios. Esa plaza es mítica, no puedo entender cómo la han dejado así, tan vacía, tan sola, tan olvidada. Siempre que paso por allí me pongo muy triste, me siento absurda. Estamos despreciando el pasado. Lo bueno, lo bello.

Sigo siendo una puta cría. Pero lo prefiero, es mejor que ser una cría puta.

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