Imponente no es lo mismo que impotente



Cambiar una sola letra puede ser definitivo para cambiar un matiz. Elegir un determinado número de la agenda a quien enviar un mensaje puede suponer un paso adelante o un paso hacia atrás. Dejar un trabajo o enviar un currículum pueden ser la cara y la cruz de cualquier moneda.

Llego al despacho y lo primero que hago es leer una carta:

Apreciada Blenk,

Mi problema se puede resumir en tres palabras: no me quiero. Supongo que dicho así le parecerá algo sin sentido, no sé. Para mí es algo terrible que afecta a todo lo que hago, digo, toco, veo o siento.

No me quiero y me siento insegura.

Tal vez pueda descubrir alguna pista oculta que me sirva para quererme un poco más.


Un saludo,

Lucía Chanovick


Vaya, un caso que me resulta demasiado familiar. Alguien que no se quiere. Ahora tendré que investigar su contexto, todo lo que la rodea, y ver si le puede estar influyendo el entorno. Tendré que saber si tiene pareja, amigos, familia y todo eso.

Pero esta noche no tengo fuerzas para empezar ese caso. No estoy lúcida ni inspirada. Estoy tristilla. Todos tenemos días tristillos. Y no es que no me quiera, como le pasa a Lucía Chanovick, no. Lo que pasa es que me gustaría arreglarlo todo explicando que "imponente" significa "formidable, que posee alguna cualidad extraordinaria". Sé de alguien que es imponente pero que piensa que es impotente (que no tiene potencia). Lo que no sé es cómo diablos podría convencerle para que me crea.

Ese anuncio de James Dean aún me conmueve cada vez que lo veo.

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