Que yo nunca entré al baño para ponerme tan guapo, cualquiera de los demás sé que te gusta un poco más… (de “Justicia poética”, de La Costa Brava)



Lo intento de nuevo. Venga, tú puedes, tan sólo se trata de una reseña. Pues no puedo, acabo soltando el rollo y lo que en un principio debían ser tan sólo cuatro páginas se convierten en casi diez. Si me pagaran por dispersarme tendría la vida solucionada. Si me pagaran por exceso de ficción, podría comprarme un piso más grande.

En el mundo hay dos tipos de personas, las interesantes y las no interesantes. Como siempre, no aprecio medias tintas ni grises. Debe ser un vicio adquirido hace demasiado tiempo. Por eso me alegra más hablar con una chica que sabe encuadernar libros que con un economista que te mira por encima del hombro sólo porque tiene un hijo y un trabajo estable en el centro de Barcelona.

La reseña se me ha ido de las manos. O debería decir de las teclas. Como las historias se me van. Suerte que las buenas siempre me vuelven…

Ahora acaban de colarme una carta por debajo de la puerta, es raro, es muy tarde, ¿de quién será? Nunca recibo cartas, qué extraño…Bueno, me voy a poner un vodka y la leeré mientras suena “Amor bajo cero”…

Querida Blenk,

A veces te leo desde la oficina, a veces desde algún cibercafé… nunca me atrevo a leerte desde casa. Porque me da miedo que te cueles y que me puedas espiar, qué estupidez, ¿verdad? Quería pasarme por tu despacho pero al final no fui capaz, bueno, de hecho reservé hora para el viernes, a las siete, soy Ewan Bonham, tal vez te acuerdes de mí… fuimos al mismo colegio, en Londres. Pero hay más cosas que nos unen, personas en común, básicamente. Me hizo ilusión saberte aquí, en Madrid, que a veces te veo por la calle Tetuán, donde las croquetas, fumando mientras haces la cola. ¿Qué piensas mientras esperas? Siempre me extraña verte sola, no sé, es como si… da igual, no te escribo para hablarte de ti, por supuesto, sino de algo que me está pasando.

Teresa me ha dejado. Tú la conoces, su hermano salía con una de tus amigas, aquella tan guapa…Elena, creo que se llamaba. Y yo estoy en un punto en el que no entiendo nada, intento comprenderlo pero los días se me pasan y siento que estoy en una especie de cuenta atrás. Si esta historia no ha funcionado, entonces ya no funcionará ninguna. Alguien lo explicó muy bien un día, cuando Ray y Christina se separaron, la estética se fue a la mierda. Ya he pasado la etapa de drogas y alcohol, de películas malditas y amigos que sufren en los bares cuando son más de las tres de la mañana.

Teresa está con un imbécil. Teresa está con un imbécil. Ayer lo escribí doscientas cincuenta y dos veces con la caligrafía más imperfecta que pude lograr. Y yo estoy solo. Solo. Solo. Solo. Quinientas treinta y seis veces solo. Mañana estaré quinientas treinta y siete veces solo. Y sé que la cuenta no se detendrá hasta que no lo haga mi cerebro. Ojalá ella estuviera con un tipo más feo. Encima es más guapo, pero qué poco importa eso ahora. Alevosía y premeditación. Y no quiero que me den detalles, no quiero saber que los jueves por la tarde se los pasaban en mi cama, en mi piso, escuchando mis cedés, mientras se bebían las cervezas de la nevera y follaban sobre mis sábanas amarillas preferidas. No quiero enterarme de que se metían en los probadores del Corte Inglés a besarse como leones amnésicos. Teresa se quedó amnésica al ver a ese gilipollas. Ya, ya sé que no soy el primero al que le pasa esto,, ni que tampoco seré el último. Blenk, yo necesito que me ayudes, necesito encontrarle, a él, saber dónde está. Para hablarle y decirle unas cuantas verdades. No le voy a matar, no temas, no soy un asesino.

No quiero estar quinientas mil veces más solo. Quiero a Teresa como nunca he querido a nadie. Sé que fue un golpe de suerte que ella acabara a mi lado porque en el momento en que nos conocimos tonteaba y se besaba con medio planeta. Pero por alguna razón que desconozco me eligió a mí. Y la sola idea de que ahora sea un imbécil el que duerme a su lado por las noches… me está destrozando.

Perdona por haberte explicado la historia de esta manera… si reúno fuerzas tal vez te vaya a ver el viernes. ¿Sabes? Lo peor de esta historia es que Teresa, un día, después de besarme me dijo que…


Tengo que dejar de leer la carta de Ewan porque siento que me atraviesa como un cuchillo los pulmones. Me da un ataque de tos, hoy he fumado tan poco que el aire está demasiado limpio.

Mañana ya tengo con qué emplear el tiempo. Debo buscar a un imbécil que se ha cargado algo que brillaba. A veces hay que tomar partido, implicarse. Y yo lo acabo de hacer. Me gusta Ewan, lo recuerdo, claro, sí, sé quién es… Ewan, Ewan el pelirrojo… Voy a investigar su caso, se lo merece.

Y la reseña la voy a dejar tal y como está.

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