Por mucho que lo intento, nunca puedo ser objetiva



La primera vez fui consciente de que la estaba salvando. Pero también supe que a partir de ese momento yo también me estaba jugando la vida de alguna manera. Lo que no sabía de ningún modo es que yo me iba a salvar de todos los años perdidos, de todas las borracheras invisibles y de todos los vaqueros que se te quedan demasiado estrechos como para ponértelos sin un mínimo de dignidad.

Yo también puedo ser pequeña, también tengo miles de miedos acomodados en el bolso y en la tarjeta sim del móvil. Yo también echo de menos cuando me escapaba de mi madre y me iba a pisar la nieve. O de cuando compraba vinilos de los Beatles con mis ahorros minúsculos.

La primera vez que la salvé supe casi al instante que la seguiría salvando millones de veces de todos esos peligros invisibles que nadie conoce. Sabemos que aunque los conocieran, no los entenderían como los entendemos nosotras.

A veces incluso me gustaría caer bien a la gente que no me conoce, esos días en que me levanto por la mañana, me miro al espejo y me propongo ser algo social. Un poco tan sólo. Pero es que sigo sin tragar a la gente falsa, a los que se te/nos quieren comer con los dientes sucios. Y tú estás más alta, y yo estoy más alta. Y mañana podría joderse el mundo con el cambio climático, con los de derechas, con los de izquierdas, con los cristianos o con los budistas, que a mí ya me da igual todo eso, que lo digo en serio, que podría morirme mañana porque ya lo tengo todo hecho en este mundo, que si vivo más, ya puedo decir que será un bonus track, que sí, que el post se me está yendo de las manos, pero qué nos importa, para qué censurarnos nosotros, si al fin y al cabo demasiado nos hemos tenido ya que censurar, que sabes, que a mí ya el resto de cosas no me duele porque sé que tú te me llevas lejos si algo me duele y que no necesito apenas fumar para mantenerme alta, limpia y con los ojos brillantes, y al final he terminado escribiendo agotada, exhausta, cansadísima y con las lentillas derramadas sobre las teclas porque me falta ya el aliento.

Las veces que haga falta, las veces que haga falta.

(Un faro para tu isla, un cuento lleno de ventajas, yo sólo necesito tiempo, todo el tiempo del mundo)

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