Sigo tus pistas desde los cuatro años



El otro día me puse a leer papeles antiguos. Las típicas cartas que te da pena tirar, las postales desde sitios a los que tú no has ido pero otros sí fueron, los dibujos que te regalaron... Encontré bastantes cartas de Elena y recordé lo bien que escribía. Y digo "escribía" en pasado porque hace mucho que no leo nada suyo. Me encantaban sus cartas porque me llegaban a casa sin sello, me las daba en la mano y yo las leía vivas, que nunca se me caducaban en los cajones.

Me imaginaba a Elena en cualquier barra de cualquier bar de Barcelona, preferiblemente de la zona de Sagrada Familia, sentada sola y fumando un cigarrillo tras otro(¿te acuerdas de aquella noche en que me ibas a dejar las llaves del piso de tu novio, pero justo dejé de ser la amante de aquella tipa?). Te dabas el lujo de beberte doce cervezas seguidas en la época en que no existían los puntos ni los euros. Y era entonces cuando te acordabas de mí, a kilómetros de distancia, pero susurrando en el taburete de al lado. Y me escribías. A veces en una servilleta de papel arrugada, a veces en un folio casi blanco.

No fui capaz de leer una sola de tus cartas. Me puse triste. Qué imbécil. Si te tengo casi al lado. Pero me dio pena que ya no nos escribamos. Que no tengamos historias turbulentas que contarnos, ¿te acuerdas de cuando llevábamos vidas paralelas? Yo sí, lo recuerdo.

Y me recuerdo a los ocho años, desafiante, plantándote cara y negándome a seguirte. Gracias a eso, estamos aún cerca.

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