"Nunca olvido una cara, pero con usted voy a hacer una excepción", que diría Groucho, y es justo lo que deberíamos hacer más a menudo algunos



Me gusta comenzar a escribir con un "a veces". Ya sé que es repetitivo y poco original pero no pretendo aspirar a mucho más. Me gusta comenzar con un "a veces" porque las historias -mis historias- son un a veces, no un siempre, y tampoco un nunca.

A veces me meto en la boca del lobo yo sola. Intento saber cosas que no debería saber. Cuando llego a ellas, me asusto y salgo corriendo, meto la cabeza en la máquina de helados y me congelo el cerebro todo el tiempo que puedo. Cuando se me descongela -suele tardar unas seis o siete horas- ya estoy algo más inmune al dolor.

A veces tengo malos presagios. Lo complicado del asunto es que no acierto a ponerles nombre ni a definirlos. Son presagios pequeños, de los que se te instalan en un rincón del cuerpo, no sé dónde exactamente, y hay que tener cuidado porque si no se disipan en seguida pueden ir creciendo como un tumor. Y resulta que al final te los crees y te agarras a ellos como quien se agarra a una biblia de la religión que sea.

A veces soy tan críptica que me encantaría cambiarme la piel y darme una vuelta por el barrio sin mirarme los zapatos mientras camino. Pistas, pistas, pistas, las putas pistas que a veces nos hacen perder la cabeza.

¿Cómo hacer feliz a una niña de siete años?

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer