Déme algo para que él olvide y le pagaré lo que usted me pida, Blenk



Un caso complicado de resolver. Uno de tantos, para variar. Se trata de una tipa que quiere que le borre los recuerdos, pero no a ella, sino a su pareja. La he intentado convencer de que eso es absurdo, porque ella seguirá recordando, aunque él ya no lo haga pero ha insistido: quiero que él no recuerde nada. Que se olvide de todo y de todas. Le he explicado con paciencia que todos tenemos un pasado y que en ese pasado entran amores, amantes, desengaños y penas varias, pero que es normal, que es un historial que no hace daño, que es incluso necesario para enriquecernos. Y una mierda, me ha dicho la tipa.

Le he dicho que la iba a traer un café para ver si se calmaba un poco y me ha contestado que era demasiado tarde, que le pusiera una copa. Yo estaba desconcertada.

- Mire, señora Montalvo, no tengo ningún tipo de bebida en el despacho, lo siento.
- Y una mierda –segunda vez, parece adorar este vocablo-, veo media botella de vodka debajo de aquella estantería…
- Ah, sí, bueno, vale, de acuerdo…

Le he puesto una copa que ni yo me la tomo cuando estoy estupenda, pero ella se la ha tomado como quien se toma un vaso de agua. Elegante y sin respirar apenas.

- Quiero que le borre los recuerdos de todas estas tipas.

Y me ha alargado un montón de fotos: rubias, morenas, teñidas, naturales, rapadas… Pero eso no era todo, luego me ha dado un montón de cartas.

- ¿Y esto?
- Es información adicional. He pensado que de las que no tenía foto tal vez le podían servir otras pistas, cartas, por ejemplo. ¿No le sirven?
- Eh, sí, sí, claro, está bien.

Estaba alucinada, he calculado aproximadamente unas 60 chicas. Me ha parecido demasiado pero no le he querido decir nada por no ofenderla.

- Señora Montalvo, bien, pues supongo que ya dispongo de todo el material que necesito así que…
- Bueno, no está todo.
- Dígame.
- Falta la última.
- ¿La última?
- Sí, la última amante.
- Bueno, no creo que sea ningún problema –yo pensaba, total, una menos, no creo que venga de ahí-
- O sí… ésa fue la peor de todas.
- Perdone que sea indiscreta pero, ¿por qué dice eso?
- Porque fue la única con la que jamás llegó a nada.
- Oh, bueno, en ese caso no se preocupe, no creo que sea problema. La olvidará sin tener que hacer demasiado esfuerzo.
- ¿Lo cree usted, Blenk?
- Ya lo creo. Déjeme unos días para planificar la estrategia y para comprobar algunos de los patrones de conducta de su marido y en seguida me pondré en contacto con usted.

La he acompañado a la salida y después me he sentado en frente de la ventana que da a la calle. La he visto hablar por el móvil y subirse a un taxi. Todavía es atractiva.

He decidido no atender más llamadas esta mañana y terminarme la botella de vodka. Me sabe mal haberla mentido pero no creo que yo arregle el mundo ahora a estas alturas con una sinceridad más falsa que cualquier mentira. Todos somos algo señora Montalvo.

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