Una dona marinera sempre mira d'on ve es vent

He acudido a grabaciones antiguas. De cuando aún no me conocías, de cuando estabas a punto de quererme. Rozándolo casi. Oliéndolo casi. He conseguido unos minutos de piano en los que improvisas. Como aquel día en que te pusiste a tocar en El Corte Inglés y yo te escuché sin saber que estabas allí. Era época de rebajas y me costó horrores llegar hasta la sección de música. ¿Cómo sabía que eras tú la que tocaba? Porque nadie toca igual. La detective que soñaba con ser pianista, imagina.

Sigo con las grabaciones antiguas. Me gusta escucharlas e imaginarme historias de tu vida pasada. Soy muy buena con las pistas, eso a veces es malo pero en la mayoría de casos resulta bueno porque es difícil que te engañen.

Tirando de los hilos me descubro a mí misma. Piano. Un poco más de piano. Qué bien. Qué bien oírte y saber que tú, mientras, duermes confiada, sin saber nada, sin intuir que me escribo mi historia para entenderme mejor.

Sigo caminando por un hilo de coser medio roto, medio caído. Como aquella canción de los Smiths, la que siempre le cuento a todo el mundo, qué pesada es la Blenk con la letra aquella, que si es su vida, que si ninguna otra canción lo expresa mejor, que si bla, bla, bla. Que qué guapa, que qué estilo, que qué todo... parecía uno de esos cuentos del XIX, de los que yo hubiera finalizado con un ¿y por qué no te quedas conmigo?

Con la rubia no se quedaba nadie. Como amante era perfecta, pero por las mañanas de diciembre parecía ser que no. Para bailar era la mejor, pero para cocinar una paella no servía.

- ¿De dónde eres?
- De Malta, soy de Malta.

Y en aquel chiringuito sólo servían paella para dos. Nunca para los solos.

A la rubia nadie la daba tiempo a acostumbrarse a los días de menos de 24 horas. Todo vértigo, todo mareo y vuelcos de alma. Y ella no necesitaba ya más vuelcos de alma.

Algún día contaré la historia de la rubia. Pero la de verdad. Lo malo es que el día que la cuente, se habrá terminado "narraciones".

No se quiere mucho. Se quiere fuerte.

Llevant, xaloc i migjorn,
llebeig, ponent i mestral,
tramuntana i gregal.
Vet aquí es vuit vents del món.

Una dona marinera
sempre mira d'on ve es vent,
tant si és llevant com ponent
es bon temps sempre l'espera.

Qui s'enamora no es cansa
si viu amb l'opinió
que després d'una maror
sol venir una bonança.


("Jota marinera", popular mallorquina)

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