La cursiva es tuya



Estoy esperando la nota de mi primer trabajo del semestre pasado. Ella lo leyó una tarde de domingo mientras yo estaba en un entierro, llorando por inercia, por no desentonar. (¿O lloraba por mí al recordarme con quince años menos? el colmo del egocentrismo, claro). Ahora resulta que en las misas de entierro hay músicos, un piano y un violín. Tremendo. No sabía que este tipo de actos se había modernizado de esa forma. Por lo visto te dejan escoger las canciones de una lista; a la carta, podría decirse. ¿Serrat o Sibelius?... Eh, bueno, ¿y qué tal algo de los Pixies?

Los valientes también tenemos días bajos. De esos en que te miras en el espejo y te ves el pelo transparente y las orejas azules. Me salva la vida -y la noche- escuchar canciones como Natascha Kampush. Escuchar el camión de la basura a las 12:40 AM me parece la cosa más romántica del mundo por algo que sé y que ni en cien años de tortura desvelaría.

Le hizo gracia leer una de mis notas a pie de página: "la cursiva es mía". ¿Es tuya? ¿Tú tienes una cursiva? Es cierto, a la cursiva la puedes agarrar, la puedes esconder mientras te tomas un café en la barra de tu bar preferido. Aquella cursiva era mía, sí, muy mía. Pero vamos, que ahora ya es suya, porque la ha descubierto.

2 comentarios:

K 25/6/12 13:01  

En estos momentos en los que estoy ultimando un trabajo para la universidad, me ha encantado encontrarme con un texto como el tuyo. Te confesaré algo, la cursiva también es mía.

Carol Blenk 28/6/12 20:17  

K,

Gracias por tu comentario y por haberte interesado por este escrito mío que ahora me parece tan antiguo y lejano...

Lo que daría por volver a ese 2007 no lo sabe nadie.

Un saludo,

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