¿Es malo desear a una robot?



No suelo ir a las reuniones de trabajo, pero no es por chulería sino porque soy una pequeña pieza de la máquina que cuenta muy poco en el resultado final. A la reunión de hoy sí que he asistido porque llevo demasiados meses sin aparecer por ninguna. Mentalmente, me he estado riendo todo el rato. Había dos tipos que tenían opiniones totalmente opuestas. Uno de ellos era políticamente correcto, muy correcto, de ese rollo vamos a salvar el mundo con las tonterías que decimos nosotros quince en este cuarto tan supermodernoyfashiondelaostia (¿¿cómo es que no sonaban los Scissor Sisters??). El otro tipo era un crack en su profesión pero míralo allí, en camiseta y tan sencillo que lo confundirías con tu vecino. Ha tenido las narices de decir lo que pensaba y me ha parecido simplemente genial. Absolutamente genial. Un valiente. En su posición, lo más normal es que se hubiera callado pero ha optado por ser transparente. Cuánta transparencia nos falta a todos. Me incluyo los seis días de la semana, que al séptimo ya soy por fin algo más buena.

En la reunión yo era la más joven, saltaba a la vista. Era la única que soñaba con Tom Waits -y con aquel vídeo bendito de Björk- y con beber mojitos a la hora del vermú. Sólo cuatro tipas: una guiri que no se enteraba de nada, una pija, una madre que se ha pasado la reunión enseñando fotos de su niñita preciosalamaslistadelmundoentero y yo. La rara, la sola, la que no habla. A estas alturas de la vida pedirme que sea más extrovertida es como solucionar el problema del cambio climático.

A las dos horas he decidido que ya había escuchado suficiente. Y me he largado. En la parada de autobús no había nadie y he tenido que levantar la mano para que el bus no se pasara de largo. Me gusta hacer ese gesto, siempre me creo importante, supongo que lo debí ver de pequeña en alguna película.

En el autobús la señora de delante mío se ha santiguado. Me he acojonado porque he pensado que a lo mejor íbamos a morir, no sé, que uno se santigua cuando ve un peligro cerca. O cuando es futbolista y sale al campo. Creo que lo ha hecho porque hemos pasado por delante de una iglesia. Pues mira, que a pesar de ser atea, me ha parecido un gesto bonito. Pero claro, en estos días que corren ser cristiana está peor visto que ser budista. Al menos ella puede santiguarse; yo, ni eso.

Me voy a la cama con la sensación de que me he dejado demasiados puntos suspensivos. Blenk no es tan grande como parece. Me siento al final de clase y escribo tonterías en los lavabos. No soy tan respetable. También me dan miedo los ruidos nocturnos. Y envejecer.

No es malo. Claro que no. Lo malo sería no desearla.

PS: A veces cuando salen los créditos no tengo la sensación de que algo se acaba sino todo lo contrario.

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