Abyectos y abyectas



Qué modernos quieren ser todos. Qué limpios. Qué correctos. Qué sinceros. Yo no acierto ni siquiera el tres por ciento de las veces. Y eso cada vez me preocupa menos. Hoy en clase nos han hablado de la locura. De lo normal, de lo abyecto, de lo extraño, de lo diferente. Le he dado vueltas a la cabeza. Comentaban que en ocasiones es absurdo explicar algunos desequilibrios a partir de lo biológico, de las herencias, del cuerpo. La enfermedad a veces te llega por la propia vida. Un desengaño, un abandono, una mentira, una conversación, pueden llegar a ser detonantes peligrosos y entonces... enajenados sin remedio.

Te contaré algo que no te conté el otro día. Hasta ahora yo era una suicida en potencia, supongo que te debe sonar el término. Hasta ahora. Pero hay momentos en que de repente dejas de mirar al suelo. Y ya no te preocupa si no tienes un trabajo estable. O si sigues bebiendo como si tuvieras veinte años (a la vejez viruelas, oí cómo decía el otro día alguien con respecto a mi forma de vestir). Las suelas de mis zapatos nunca habían estado más limpias.

Y me encanta que Elvis le mire constantemente las tetas a la chica del vestido amarillo (las falsas feministas ya podéis dispararme también, venga)

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