Orange es indie



La canción que estabas esperando...

Una semana. De nuevo el frío. De nuevo los temblores de párpados y de lengua. El otro día, por lo visto, era el día del orgasmo mundial. Me imaginé a todo el planeta Tierra haciendo el amor al unísono y casi me desmayo de la impresión. Todos flotando, a veinte mil kilómetros del suelo. Ummm, no estaría nada mal.

Aquí estoy, aún en mi torre, que no hay nadie que me baje de ella. Merendando vinilos aún sin estrenar y bebiendo vino blanco, copa tras copa, que apenas si da tiempo a que se enfríe. Me acabo de medir, he adelgazado casi un kilo y he bajado tres centímetros de estatura. Mis buenas intenciones no me crecen ni reducen las penas invisibles.

La gente se obsesiona con ser feliz en Navidad, es como si fuera algio obligatorio y no, no lo es en absoluto. Puedes estar igualmente jodido. Nunca faltan motivos: estar enfermo, estar solo sin quererlo, que te sean infiel, que no te correspondan, que estés sin dinero, que hayas perdido a alguien irrempazable...

Trabajar en festivo deprime mucho. Ves a todo el mundo feliz y con las bolsas de regalos y tú con cara de espantapájaros sin peinar. La llegada de la noche no motiva. Supongo que tendré que beberme todo el vodka de la ciudad para poder mirar con ojos más o menos turbios.

Por supuesto, no voy a quejarme porque estar viva y con los pies firmes ya es motivo suficiente para dar gracias a quien sea (aunque sea a mí misma)

La echo terriblemente de menos. Aunque sé que desde el otro extremo del planeta me está pensando.

Una semana.

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