Prometo no suicidarme si me voy a vivir a Laponia



Hoy he observado los coches desde mi posición de copiloto. Ella me recomendó que no lo hiciera en las rotondas porque entonces tienes la sensación de que te vas a chocar con el coche de al lado. Aún así, lo he vuelto a hacer. Ha sido emocionante.

Tengo miedo. Al fracaso. A perderlo todo. A no dar la talla. A volverme pequeña pero sin gracia. A que se me borren las pupilas de tanto fumar mientras duermo. A que se me salgan solas las camisetas del armario. Y que se equivoquen de estación.

Mañana es un día muy importante. Y aquí estoy, a las dos de la mañana, celebrándolo sola en mi castillo.

He elegido la ropa que me pondré en cinco minutos. Los vaqueros me los llevo porque, a pesar de todo, siento que si me disfrazo de tipa respetable estaré falseándome a mí misma. Y yo no soy así.

Dónde va a parar el estilazo de Leonard Cohen frente a Tontxu, Ismael Serrano y Rosana. Es me descojono sola pensando estas cosas. Viva Hilario Pino con sus imperfecciones, abajo Matías Prats con su voz nasal.

Cortadme la cabeza, por favor, que a mí me aterra la sangre.

Lo mejor de mañana es que la línea verde de Madrid/Barcelona me llevará con ella. Y sé que después de eso, lo demás se podrá ir de nuevo al infierno. Su flequillo es mío y de nadie más.

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