Post en directo (II)



No hay ni dios en la calle. Ni siquiera pasan coches. He cenado un bocata de pinchos, pimiento verde y queso. Delicioso. He bebido una clara de cerveza. Y unas patatas bravas que te dejan la lengua taladrada. Al llegar a casa he comido un plato de uvas buenísmo.

Ahora escucho a Leonard Cohen. Cuando la conocí, ella llevaba un abrigogabardina gris y llovía como nunca. Volví a llevar lentillas para ella. Ahora me pregunto si dentro de unos meses, o años, o semanas, recordaré esta noche. Si recordaré la cena o que volví a casa en manga corta. Igual que recuerdo ahora aquel día.

Sigue sin haber nadie en la calle. Me pregunto cuánta gente habrá ahora mismo despierta en mi calle. Si alguien escribirá un post. Si alguien se sentirá solo o fatalmente acompañado.

No es bueno exigirse tanto a uno mismo. Yo antes valoraba cosas que ahora, sencillamente, me importan una mierda. Prefiero tener tiempo antes que dinero. ¿De qué te sirve tener pasta si careces de tiempo para gastártela? ¿Para qué quieres trabajar tanto si luego no tienes ni un solo fin de semana libre?

Le he dicho que sonría. Porque estamos vivas y porque estamos bien. Joder, qué obvio, pensaréis. Pues no, no lo es tanto. Puede parecer dramático pero cada día que pasa doy gracias -aún no sé a quién- por poderme levantar y respirar nicotina y tráfico. Por poder beberme una cerveza y decir lo que pienso. Que eso es mucho.

Siguen sin gustarme los perros pero creo que tampoco soy tan mala persona.

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