Maddlemans haciendo slalom por tu cuello



Su primer novio, posiblemente al que más quiso y el que menos daño le hizo. Hace poco fui a ver una exposición que recogía un montón de objetos relacionados con Marilyn. Como buena detective, estuve haciendo fotos de todo hasta que uno de los vigilantes me descubrió y me vi obligada a guardar la cámara. La foto de arriba es de Marilyn con su primer novio. Una de las que más me dispersaron. Me gusta su sonrisa, su mirada bajo el flequillo rubio. Cómo le coge de la mano. El crío parece algo más tímido.

Cuando miro algunas fotos suelo pensar en Marilyn. A veces me descubro como una sola, con camiseta de rayas marineras -como las modernillas- y el pelo recogido. Mirando un mar, aquel mar. Otras veces me veo a mí misma mirando el objetivo como quien mira a un fusil.

Cada mañana cruzo los dedos para no destrozar la historia. ¿Podré conseguirlo? No debería hacerme tantas preguntas pero es inevitable. ¿Y si al final resulta que yo tampoco soy un planeta? Sé que es estúpidamente egoísta -y las 01:36 AM no es buena hora- dolerse por los besos que tú no has dado, por los regalos que no compraste o por las noches no compartidas. El pasado no debería importar, ni doler, ni repasarse como un mapa lleno de pistas. Ni tampoco como una amenaza.

Hay noches en que me siento como una incauta que duerme con una caja de explosivos bajo la cama. Apenas me muevo. Apenas respiro. Los ojos abiertos, el dedo en el gatillo. Por si acaso.

Me río de mí misma. No hay nada que temer. Esa bola se ha roto ella solita. Y las que no se rompan acabarán por desaparecer de mi suelo, de tu historia, de la mía; y no habrá más pistas escondidas ni planos bajo la almohada.

Ni un sólo maddleman intruso en tu cuello.

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