El primero de muchos inviernos (tenemos pendiente el estreno de Pierrot le fou)



Aviso: post excesivamente largo y aburrido. Lo escribo para mí misma, para sentirme mejor recordando ciertas cosas. Mucho valor hay que tener para leerlo, en fin… avisados estáis…

Creo que me he engordado unos tres o cuatro kilos. Me han salido más canas y tengo el pelo más rubio por la parte de delante, como cuando era pequeña, que el sol me desteñía las raíces. Hacía muchos años que no me ponía tan morena. Llevo sin fumar desde el 2 de septiembre pero no lo he dejado, faltaba más, sólo que hay algunas semanas del año en las que dejo de fumar y de conectarme a Internet y al resto de tecnologías; una especie de aislamiento que me ayuda a reencontrame con algunas cosas. Qué misticismo más barato, ¿verdad?

He estado unas semanas de vacaciones con mi madre. Le he hecho de intérprete porque, como ya sabéis, la señora Blenk no domina demasiado el castellano. Me da un poco de vergüenza porque ya debería haber aprendido algo, teniendo en cuenta los años que hace que vive en la península… En fin, que hemos desayunado juntas todos los días pero, como siempre, no nos hemos contado ni un solo secreto. He llegado a pensar que es una especie de Dorian Gray, que no envejece exteriormente. La otra tarde volvió con una bolsa llena de almendras, las había cogido de una finca ajena, bueno, en realidad el viento las había arrastrado hacia el exterior. Sólo cogió unas pocas porque un chucho le comenzó a ladrar y a ella le dan miedo los chuchos. Puedo imaginarla corriendo, sujetándose el sombrero con una mano…

Durante los días que he estado con la señora Blenk la he echado terriblemente de menos. A ella. Es la primera vez que nos hemos separado tanto tiempo. Me ha dado miedo porque he sentido que si la pierdo me pierdo yo. Los equilibrios a veces son buenos. Como la calma. Como el hueco que existe en algunos cuellos. Como su pelo secándose sobre la arena. Algunas tardes la he llorado/cantado un poquito mientras se hundía el sol (A los catorce años, casi quince, con las rodillas esqueléticas y blancas, la cara tan redonda y tan mal pintada…). He hecho fotos al mismo tejado -rollo el tipo de Smoke- cada día, a la misma hora. No soy buena fotógrafa pero ahora he descubierto que me gusta tener recuerdos. Hay una laguna de fotos de una buena parte de mi vida y no deseo que me pase de nuevo. Ni una sola miga a la basura.

Odiaría el verano excepto porque…

1. La playa de Gausbini me pareció la más bella del planeta. Tal vez porque nos embadurnamos de arcilla y luego nos secamos al sol. O porque nos bañamos desnudas y solas y en medio de la tierra. E inevitablemente se nos fueron las lenguas y las manos…

2. Se me durmió en los brazos una tarde que estábamos en el banco de un parque. Habíamos bebido rápido y alegre en un restaurante frente al mar, en el puerto. El único restaurante de allí, nada de guiris, ya me entendéis, la buena comida es la de aquí, pescaíto recién traído de las olas. Ups, me disperso. A ella se le subió el vino y no podía conducir así que nos quedamos en aquel parque. Unos chicos jugaban a petanca y un matrimonio aburrido y casi amortajado nos miraba con una desaprobación ofensiva. Así que me encendí un cigarro y les dije con los ojos más cabreados que pude poner: Estamos enrolladas, sí, y os jode porque parecemos chicas hetero, ¿no?

3. Cada mañana nos despertábamos con la música de su móvil y yo me ponía a bailar en plan pequeña. Esa canción me recordaba a la fiesta de Desayuno con diamantes, debería sonar algo así en esa fiesta. Y al final ella se contagiaba y acabábamos las dos bailando en la cama.

4. Escuchamos un concierto de guitarras, empezaron con los Beatles y a mí me volvió a parecer una señal. Seguíamos el ritmo con los pies y fumamos frente a un par de carajillos de Baileys. Y ella les felicitó al acabar. Me gustaría encontrar una canción que tocaron en su idioma…

5. Una noche nos pusimos a contar estrellas y perdimos la cuenta. Y es verdad que yo nunca había hecho eso con nadie, a pesar de que sea algo super tópico y típico de las parejitas. Pero es que cielo como ese no lo había visto en mi vida...

6. Era bonito ir a buscar a la chica fotógrafa a su casa, subirnos en el coche y llegar a cualquier lugar. Escuchar su canción –sí, la que grabó con su familia- y mirar felices por la ventanilla. La chica fotógrafa nos explicaba historias de su tierra, siempre interesantes, y con ella trepamos por un acantilado de vértigo para conocer la historia de un tipo que se arrojó al mar… Pero eso es otra historia. El día que nos despedimos de ella sentimos que nos dejábamos un pedacito de algo en aquel lugar. Y nos dio penita, claro que sí.

7. La última mañana hicimos el amor como dos pequeñas salvajes oyendo el ruido de las olas chocando contra las barquitas.

En resumen, que estoy haciendo justo lo que no recomiendan todos los expertos psicólogos: volver de vacaciones el día antes de comenzar a trabajar. Así que con algo de suerte esta semana estaré jodida y la que viene más aún.

Pero lo cierto es que todo esto apenas me importa porque ella me sigue pareciendo de otro planeta…

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