Me gusta escribir en verano porque todo el mundo está de vacaciones y ni dios me lee



El día en que murió John Lennon recuerdo que mi madre nos sentó a la mesa y nos miró a todos muy seria.

- Hoy no iréis al colegio. Se ha muerto John Lennon.

Como éramos pequeños no entendimos muy bien la gravedad del asunto pero sí recuerdo que tuvimos consciencia de que algo terrible había pasado. Si mi madre no nos llevaba al cole debía tener un motivo importante para ello.

Aquella mañana desayunamos por primera vez tostadas con mermelada alemana. Siempre comíamos galletas pero aquel día Mary Blenk nos preparó un desayuno buenísimo con leche, tostadas y mermeladas de mil sabores. Yo no entendía nada, ¿cómo es que mi madre tenía tantos tipos de mermelada alemana si nunca nos la ponía para desayunar? Y ella tampoco comía jamás tostadas, mi madre nunca desayunaba en casa, que yo recuerde… Lo curioso del caso es que los tarros de mermelada estaban todos empezados, absolutamente todos… y les faltaba más o menos la mitad a cada uno. ¿Quién demonios comía mermelada alemana entonces en aquella casa? Frank Blenk –mi padre- tampoco podía ser porque hacía años que no asomaba por casa, era algo así como un cartero-escritor maldito que vivía en algún lugar cercano a Londres. Pero nunca supe dónde exactamente.

Así que la mañana en que murió Lennon yo estaba divagando con la vista puesta en los ocho o nueve tarros de mermelada que mi madre había ordenado sobre la mesa de la cocina.

- ¡Carolina! ¡Deja de dispersarte de una vez!, ¿quieres?

Mi madre siempre me pillaba cuando me dispersaba, lo odiaba. Era como no poder tener secretos. Sólo podía dispersarme tranquilamente cuando salía de casa o escribiendo. Como ahora.

Me comí diez tostadas (repetí la de fresa) y me senté en el sofá. Nuestra madre nos puso God en el tocadiscos y recuerdo que la vi llorar por segunda vez en mi vida. Y así fue como en una mañana aprendí el inglés básico de las canciones. Ese que se ciñe estrictamente al I need you, I miss you so, I hate you, I love you, etc. Gran logro para una cría. Pero mi mente no podía dejar de pensar en quién se comía la mermelada en casa… aquello me parecía mucho más extraordinario y necesario que rezarle al beatle muerto.

Y hoy, veintiséis años después, he vuelto a ver aquellos tarros de mermelada. Los mismos tarros de mermelada. Idénticos. De Alemania. Como si no hubiera pasado el tiempo. Ha sido en casa de Elena, a la hora del desayuno.

- ¿Y esta mermelada?
- Es alemana, buenísima.
- Ya, ya, eso ya lo veo pero, ¿de dónde la has sacado?
- Me la ha traído mi madre de su pueblo. Por lo visto de joven sólo desayunaba eso. Una tía rara mi madre, ¿eh? Se ha vuelto loca trayéndome sabores…

A mí se me ha parado el pulso. Elena y yo íbamos al mismo colegio de pequeñas. Recuerdo que su madre era la mamá guiri, la llamábamos así porque era la típica alemana super rubia y,claro, destacaba entre tanta morena. He intentado atar cabos, seguir pistas… no sé, ella y mi madre a veces hablaban a la salida del colegio, mientras nos esperaban…

- Ei, ¿Carol?
- ¿Qué?
- Tía, que te has quedado embobada, ¿estás bien?
- Sí, sí, perdona, oye, me tengo que ir, ¿vale? Te llamo luego, que este viernes estoy sola en casa, podrías quedarte a dormir…
- Bueno, te digo algo…

He salido de casa de Elena con sensación de ahogo, de detective que está a punto de descubrir algo impresionante… Hay algunas historias que te pillan por sorpresa y no sabes bien cómo reaccionar.

Después, en el tren, me he dado cuenta de que he dejado a Elena con las tostadas intactas sobre la mesa…

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