Las chicas bordes son, en el fondo, pequeñas

(aquí va esta foto, pero blogger no deja mostrarla)

Y era verdad lo que te dije. Que me habías conocido en un momento extraño. Pero es típico en mí eso de soltar frases sonoras en medio de según qué determinados momentos. Y encima luego me paro a comentar la secuencia de turno. La niña se pone fílmica y acaba explicando un recuerdo de cuando era rubia no teñida y tenía cinco años. Se me amontonan las novelas y los deuvedés.

No soy capaz de tirar a la basura la rosa de Sant Jordi. No me atrevo a comenzar la novela que me dejó. No consigo ver esas pelis suyas. En realidad, no deseo empezar nada para no acabarlo. Se me vuelve a llenar la bandeja de entrada de los sms y es complicado descartar verbos.

Hoy me he puesto la camiseta que me regaló, me gusta ponérmela porque ella la llevó mucho tiempo antes, cuando yo ni siquiera aparecía por las mañanas fumando café. Con su camiseta no necesito fingir, no es necesario que sea la tipa lista y entera que todos esperan que sea. Ahora llego tarde a las reuniones, ahora salgo a fumar por las noches, ahora camino más despacio que nunca.

Nunca había tenido el corazón tan rojo.

Mis ganas de tocarla no son tan poderosas como para que se embalen los relojes. Me siento a mirar cómo los coches se saltan los semáforos. Sería muy fácil ponerme a beber, sería como esquivarme a mí misma. Me hago fotos que a veces le envío. Las paso a blanco y negro o las envejezco en sepia. Un día de estos nos vamos a ver la tumba de Jim Morrison antes de desayunar.

No tengo teorías sobre el equilibrio, no conozco etimologías, ni siquiera me sé la letra de las canciones que más le gustan de PJ Harvey. A veces me cuestiono mis propios apellidos y la foto que aparece en mi carnet de identidad.

Echarla de menos debe ser una señal. Querer ser un chaleco antibalas que se abrace a su cuerpo, un buen síntoma. Escribir frases que en otros me darían vergüenza… eso no sé qué puede ser. Es tan guapa que duele. Como cuando miro las fotos de James Dean. Como cuando me acuerdo de septiembre.

Esta noche he decidido que quiero más, que después de la resaca vendrá otra resaca y que llegará el día en que tendré que dormir ocho horas seguidas. Pero hasta ese momento no puedo desperdiciar nada.

No podré superar haber sido feliz, como decía aquella canción de Nixon...(Y se puede descargar aquí mismo)

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