La casualidad que estábamos esperando (o cómo ponerse trascendental cuando por fin toca)

como nosotras

No sé el tiempo que he pasado imaginando que escribía un post con este título. Desde que tengo uso de razón bloguera, tal vez. Nunca lo hice porque sabía que me haría daño, mucho daño, escribir sobre algo que no existía, fantasear sobre la realidad o simplemente inventarme pistas felices. Simplemente para quedar bien conmigo misma. Eso es algo que cada vez me importa menos. Y si soy bastante peliculera… bueno, ya no intento esconderlo. Lo soy y punto.

Cuando le expliqué que algún día deseaba irme a Laponia, ella me dijo que se iría conmigo. No lo dudó ni un segundo, no vaciló ni en una letra. Nadie quiso acompañarme nunca a Laponia. Podría haberme ido sola, como una sola auténtica, pero era un viaje demasiado especial y sabía que si me iba con mi sombra volvería deshecha, pequeña y muy sucia de alma.

Este fin de semana es muy importante. Este año sí, esta vez sí. Ahora recuerdo que hace años vi un documental en el que John Lennon explicaba el efecto que causó sobre él la primera exposición que vio de Yoko Ono. Había una escalera, te subías a ella hasta llegar al último peldaño y una vez arriba cogías una lupa que estaba sujeta al techo mediante una cuerda. Si acercabas la lupa al techo –blanquísimo- descubrías un “yes” escrito. Lennon comentaba, tiempo después, que aquello era lo más positivo que había leído en años. Una tontería absoluta, seguramente. Si yo hiciera eso nadie visitaría mi exposición y la gente me miraría como si fuera una excéntrica… en fin, licencias que tienen los genios. A lo que iba (me disperso tanto…), y es que a veces un simple sí te puede salvar la historia.

Casualidades en mi vida las ha habido de todos los tamaños, colores, tipos y acentos. Casualidades rubias, teñidas, naturales, morenas, de pelo largo, de pelo corto, de piel oscura como las gitanas, de ojos de color aceituna, de sílabas catalanas, o de lengua incomprensible. Podría narrar mi vida uniendo casualidades. Y aún así el resultado final sería un vacío y un desequilibrio de afecto.

Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez, y no del todo. Falta lo más importante. Y aquí, pronto, en ese segundo exacto que tendrá lugar en horas, mi historia se cerrará por fin y podré decir que realmente la he encontrado. Después de pasarme más de treinta inviernos pilotando aviones sin ni siquiera tener licencia de piloto.

La casualidad que estábamos esperando… y el uso del plural no es gratuito.

Y lo dejo aquí porque no quiero ponerme más trascendental… Me fumo un cigarro y me tomo un vodka bien frío a nuestra salud.

PD: Los vinilos siempre son buenos para el alma y para limpiar los ojos.

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