Armando rampas



Hemos hecho un descanso para tomar café. Yo les he dicho que tenía que hacer una llamada y he salido fuera del edificio. Era mentira, claro. No tenía que llamar a nadie. He buscado un bar donde se pudiera fumar, ha sido bastante fácil. Ya en la barra me he pedido un cortado y me he dado cuenta de que entre las 06:45 y las 10:00 de la mañana llevaba un total de tres cortados y un café con leche. Exceso de cafeína. Exceso de párpados caídos, supongo.

Me he puesto a fumar y a cantar mentalmente...

...y brillaba el sol calentándonos
y las olas del mar te besaban los pies
dónde está la luz de mi vida, no,
no podré superar haber sido feliz...


Mientras cantaba he pensado en las vueltas que da la vida. En cómo te puedes estar muriendo de pena y, semanas después, te pones a caminar a tres metros del suelo. Y los solos seguimos encontrándonos en los mismos sitios, con las mismas corbatas, en los mismos vagones.

He dejado dos mensajes con tinta azul en algún lugar de este país. Una cría se acercó a leer lo que había escrito y me miró sorprendida. Evidentemente, la pobre no entendió el mesaje. Le sonreí y se fue extrañada. Sólo los niños se paran a leer ese tipo de mensajes. La palabra mágica es Finlandia. Pero ahora ya no es una utopía absurda, ahora ya no espero sentada en la silla. Ahora soy yo por fin la que pilota.

Lo mezclo todo. Algún día haré una lista de bebidas y montaré por fin la barra de bar en mi casa. Con libros y recetas para hacer cócteles.

Hay gente que aún hace cosas insuperables. Aquel hombre llevaba traje y parecía un ejecutivo. Su conversación era algo parecido a esto:

- Quiero que te cases conmigo... no, no, no, no quiero que sea Pepita, ni que sea tu hermana, quiero que seas tú... Y nos vamos a ir a mi casa y nos vamos a beber un barril entero de cerveza y nos vamos a emborrachar porque quiero que estés conmigo, que me da igual todo...

Alucinante. El tipo hablaba en voz alta, que no es que una sea cotilla -que lo soy, faltaba más- así que era imposible no escucharle. Me pareció ejemplar que alguien pueda decir ese tipo de palabras. Me pregunto qué le habría dicho ella finalmente.

Olvidé decir que llegué tarde a la reunión. Todo por fumar, cantar, pensar y dispersarme yo sola en la barra de un bar. Otro más.

He descubierto que en Madrid hay una taberna donde te quitan las penas.

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