Ojoscanica



Anoche hablé con la chica de los ojos de canica. Me lo contó todo, y lo cierto es que la creí. Me explicó que por fin ha conseguido llorar, que llora en la cama, que llora mientras desayuna, que llora camino del tren y cuando lee los mensajes del móvil. Me dijo también que alguien le ha regalado un medidor de dolor y que al principio no le prestó demasiada importancia. Pero anoche lo probó y resultó ser un buen invento. Su dolor estaba al máximo. Se preguntó cómo estaría el dolor de ella. Seguro que al máximo o más, probablemente el medidor se habría desbordado.

La chica de los ojos de canica nunca quiso hacer daño. Siempre se había jurado que no cometería los errores de otros, lo que siempre había criticado, lo que siempre había odiado. Ahora todo es diferente. El desenlace no es el que había imaginado, ¿quién ha sido el imbécil que redactó el guión? ¿Por qué no me dejásteis de secundaria? El papel de protagonista le pesa demasiado a la chica de los ojos de canica. Se ha vuelto tan pequeña que sólo se ven canicas en su rostro. Canicas brillantes, limpias… el resto es oscuro.

La han dejado de lado, la han criticado, apenas nadie se ha puesto en su lugar… y es lógico. Que nadie la aplauda, que nadie la abrace, que nadie le proponga un café para contar penas. En el fondo lo tiene bien merecido; los premios, para los limpios de alma.

Ayer cuando la vi estaba muy seria. Fumaba sin parar y sonreía con asco. Las canicas me miraban interrogantes, como esperando un consejo, una ayuda… un algo. Y entonces pensé que ella también era una sola, como lo somos todos. Así que me la llevé a cenar y nos emborrachamos las dos mientras llorábamos por ella. Y a ella le dedicamos el último llanto del día y pedimos que la primavera la ayude. Y que llegue el verano y consiga despertar limpia de penas.

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