no recordarás nada durante el día…

«A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío»

Me he confundido y he pensado que te había visto mirando en la sección de discos. He comprado uno de los Pixies que estaba de oferta y luego he imaginado que te acercabas por detrás y me preguntabas ¿qué tal está este de Sidonie? Y yo te contestaba no lo sé, sólo conozco un par de canciones. Tu cara era mitad de enfado, mitad de sueño.

Luego he ido a la sección de cine pero no tenían lo que buscaba. Has pasado por mi lado y te has acercado al mostrador, pidiendo exactamente el mismo título. Para ti sí tenían esa película. Me has hecho una mueca, has pagado y te has ido sin decir ni mu.

He cogido el tren y me he puesto a descifrar pistas pendientes, libreta y bolígrafo negro en mano. Estaba concentradísima cuando he recibido un sms: bájate en la próxima parada, por favor. Nerviosa y feliz me he bajado, pero se ha puesto a llover. Y llovía sobre mis zapatos nuevos, pero no sobre mi ropa. Alguien se empeña en que no camine.

Por el camino he recordado que ayer no sabía en qué letra del abecedario ubicar tu nombre. Así que decidí no ubicarla en ningún lugar concreto, dejar que se acomode donde prefiera.

No estabas esperándome en esa estación. He caminado hasta la siguiente y tampoco estabas. Mi nombre ha perdido un par de letras por el camino y he sentido miedo. De volverme pequeña, de gastar las monedas del bolsillo, de quedarme sin pintalabios… Un señor mayor me ha dicho que alguien había preguntado por mí pero no ha sabido decirme quién era. Y me he puesto algo desagradable con él porque necesitaba saber si realmente eras tú: pero, ¿tenía el pelo corto o largo? ¿los ojos oscuros? ¿llevaba abrigo? El señor no me sabía responder pero se le notaba que mentía. El temblor de la ceja, el gesto de disimulo al rascarse la nariz. Me he alejado caminando con rabia diminuta.

He regresado a casa colándome en el tren. El trayecto de vuelta ha sido tan lento que me daba tiempo a leer los rótulos de las tiendas, los números premiados en los puestos de la ONCE, la marca de tabaco de las colillas en el suelo…

Y entonces te he descubierto sentada en una marquesina de autobús, helada de frío, sin bufanda, diciéndome hola con la mano y enviándome un solo beso.

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