La tarde en que lo vi todo color sepia

La esperé sentada en un despacho pequeño. Como no sabía qué hacer me puse a curiosear: su título colgado en la pared (se llamaba Laura C.), los libros de Medicina, los bolígrafos en un vaso, un bloc de notas patrocinado por alguna empresa farmacéutica, los… Ups, no me dio tiempo a observar más porque entró disculpándose por el ratito que me había hecho esperar.

Me hacía preguntas y me llamaba por mi nombre. Yo iba respondiendo al mismo tiempo que pensaba que era realmente guapa, no ese tipo de belleza que te hace girar la vista cuando vas por la calle, no la belleza de póster enmarcado. Esa belleza simple, sencilla, la típica cara que te atrae desde el primer segundo en que la ves.

Me hizo sentar y colocar la cabeza en el aparato detecta dioptrías. Ella se pusto justo enfrente, muy cerca. Intenté adivinar su perfume… ummm… no llevaba, qué raro. Ah, claro, ese tipo de personas ni siquiera necesita del recurso del perfume, lo había olvidado. Mira hacia arriba, ahora parpadea… otra vez, otra vez, ahora mira a la derecha, ummm… vale, bien, parpadea otra vez… Tenía una voz suavísima y me estaban entrando unas ganas tremendas de dormirme allí mismo. Bueno, y también de preguntarle qué haría el fin de semana. Pero me callé, claro.

Retiró la máquina y nos quedamos medio segundo a unos pocos centímetros de distancia. Sus ojos y los míos estaban a la misma altura. Y entonces pensé ¿cuántos ojos habrá visto en su vida tan de cerca? De todos los colores, de todas las formas, unos bonitos, otros más feos, unos más jóvenes, otros más desgastados, unos miopes perdidos, otros simplemente cansados de mirar. Qué profesión la suya.

Yo estaba pensando estas tonterías cuando me dijo: Carol (qué bien pronunciaba mi nombre), ahora te pondré unas gotas y lo verás todo naranja, pero no te asustes porque el efecto dura muy poco, ¿de acuerdo? Asentí con la cabeza y…

…el pequeño despacho, su cara, mis manos, mi abrigo, el suelo, el título colgado en la pared, mi propio nombre rebotando en las paredes, mis dioptrías confundidas y vencidas… no lo veía color naranja sino sepia. Le dije que era genial y debió pensar que yo era rara. A pesar de todo me sonrió de nuevo y me dijo que había superado la prueba y que mis ojos estaban bien.

Cuando salí de su consulta, la realidad ya había dejado de ser de color sepia.

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