Estuvimos tan cerca...



Llevo días pidiendo que me cuenten una historia bonita. Hoy, por fin, la he conseguido…

- A ver si lo entiendo… ¿dices que te has colgado de mí?
- Sí.
- Pero si apenas nos conocemos.
- Ya.
- ¿Y qué se supone que tengo que decirte?
- Lo que piensas, bueno, no, mejor me dices lo que sientes tú.

Dani se queda callado. Se enciende un cigarro y se pone a mirar por la cristalera del bar.

- ¿No vas a contestar?
- Estoy pensando.

Silencio. Elena cada vez está más nerviosa.

- Estoy pensando que dentro de quince minutos sale mi tren.
- Bueno, puedes coger el siguiente…
- Es festivo y ese es el último. Mañana me vuelvo a Donosti.
- Eso no lo sabía, me podrías haber avisado, Dani.
- Qué gracia, tampoco sabía yo que te habías colgado y mira de qué manera tendré que…

De repente, ella se levanta, coge su abrigo y el bolso. El abrigo le hace juego con los ojos.

- Vámonos.
- ¿Qué?
- Vente conmigo, pierde ese tren y pasa la noche en mi casa. Mañana es uno de enero, no me digas que tienes que currar.
- Pero…
- Dani, vente conmigo. Por favor. Y mañana, si aún quieres, coge ese tren y vuelve a tu puta casa.

Dani se levanta, torpe, se le cae el móvil, el paquete de Chester y algunas monedas que había sobre la mesa. El pelo le hace juego con la camiseta.

Se miran, se sonríen.

- ¿Te gusta Vivaldi?

Él la mira divertido. Pero con el corazón que se le sale del cuerpo.

- No demasiado, la verdad.
- Yo no lo soporto, me van más los rusos.
- ¿Del XIX?
- Sí.
- Bueno, pues eso es genial, no?

Salen del bar.

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