Una gran película

Revisando inicios de inicios encontré esto...

DON

(En off) Puede pasar de todo
¿verdad? Cualquier cosa...
Puedes amar tanto a una persona
que tan sólo el miedo a
perderla, haga que lo jodas todo
y acabes perdiéndola... Puedes
despertarte al lado de alguien a
quien hace unas horas no
hubieras imaginado conocer y
mírate ahora... sabiendo cosas
sobre su primer orgasmo o al
menos lo que ella creyó que lo
era; sabiendo cosas sobre los
gusanos de seda que su hermano
pequeño pisó sin querer o sobre
un tío abuelo funerario.....
... ah, si uno pudiera hacer que
todo encajara, ¿no? Pero todo
parece desplazarse hacia los
lados, se desliza... es como uno
de esos puzzles que te regalan
para volverte loco, que tiene
piezas de un cuadro de Magritte
y de una foto de unos ponys y de
las cataratas del Niágara, y no
hay forma de acabarlos, por
mucho que te esfuerces, por
muchas horas que estén en ello.
Puedes amar a una persona... y
cuando ya no está y miras el
peine que usaba y miras un
calcetín perdido y te sorprendes
a ti mismo acariciando un lápiz
o llorando delante de la
lavadora formulando tres deseos:
vuelve, vuelve, vuelve.
Y duele, Señor cómo duele.
Hace que el hambre de África
parezca una broma de los
informativos de televisión.
Hace que el agujero de ozono se
te antoje un invento de los
periódicos.
Hace que te sorprendas a ti
mismo rezando.

if every angel's terrible, then why do you watch her sleep



Suelo evitar los pasos de cebra (no seguir zapatos de cebra), busco los semáforos en rojo, porque me permiten pararme –otro ratito más– a pensar. Believe me when I tell you… Y vuelven a ser las ocho de la mañana y me imagino que tengo una máquina de escribir chiquitita en el bolsillo. Y que, sin que nadie se de cuenta, te redacto una carta, que será una mini carta porque los bolsillos son pequeños y el tiempo que dura el semáforo en rojo, escaso.

Lo mejor de los martes es que paso por un semáforo que hay que cruzar pulsando un botón, quedan muy pocos de esos. A mí me gusta pasar por allí, me siento poderosa. Soy capaz de detener el tráfico cuando quiero. Pulso el botón y cuento mentalmente, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… nunca llego a diez, es muy rápido. Me gusta imaginar que los coches se han parado porque tengo superpoderes. Invisible woman, you know. La culpa fue de esa canción. Hasta ese momento yo me creía invulnerable a los besos.

Lo peor de los miércoles es que tengo más tiempo y se me acaban las estrategias para no pensarte. Lucho con todas mis fuerzas, cierro los ojos hasta que se me oscurece el mundo, me pliego como un paraguas pero todo es en vano. Te has esparcido como el café que esta mañana se me derramó sobre la mesa, manchando los folios que tengo escritos para perderme la vida. Y pienso en ti con el pelo moreno pero luego te me vuelves rubia para despistarme. A pesar de que ya no me dejo engañar, me pierdo en algunas ciudades pero si me das un mapa soy la reina de lo secretos urbanos. Y te imagino caminando, camino del trabajo, con cara de cansada, pero la imagen se me nubla y vuelves a llevar un jersey naranjaverdeamarillonegromarrón. Porque seguro que, como a mí, no te gusta demasiado el blanco.

Despiezo los textos en párrafos, luego en frases y concreto palabras. Nunca se me dio bien resumir y contigo no haría una excepción. Así que me vuelvo a la calle a buscarte, que nunca se sabe, que la vida es muy extraña y podría ser que te encontrara remendando un libro en una esquina cualquiera o fugándote sin pagar de una cafetería en ruinas.

Hago mentalmente un top ten de canciones que podrían gustarte pero me arrepiento y las elimino con una tecla de suprimir que llevo en el bolso y que arranqué de un ordenador en pleno ataque de timidez. Al final elijo una en inglés, para que te cueste entenderla.



Me aburro. Hago otra lista, esta vez de comidas, pero como no sé qué prefieres me vuelvo loca cocinando pasta gallega, costillas andaluzas y sopa madrileña. Y como cocino fatal, tengo que esconderlo todo para que no veas que acabo de llamar al cátering.

Descubrirte ha sido como cambiar las sábanas a la cama y dormir noventa horas seguidas perdiéndome por países que desconozco pero que sé que tú conoces y preguntándome qué debo hacer para que nos compres dos billetes de tren y nos fuguemos un buen día a las siete y media de la mañana. Soy capaz, por fin, de escribir un frase entera sin comas.

Encontrarte ha sido aprenderte como quien se presenta a un examen test ficticio. Las respuestas en blanco no cuentan pero ten cuidado porque las erróneas bajan nota. Y mi pregunta siempre era la misma: ¿qué pasa si todas las respuestas son incorrectas? Que tendrás un menos cinco, un menos siete, un menos nueve… y me quedaba mirando por la ventana. Yo no sabía nada de niñas. ¿Adónde corren las niñas? ¿Y por qué ésa me miraba así? Si me hubiera mirado menos, yo habría seguido corriendo hasta atrapar el balón o, un poco antes, si la bota de ese niño hubiera chutado bien, de lleno, el balón se habría quedado dentro del colegio y puede que yo en la portería si ese día hubiera salido más tarde… Todos me habrían felicitado, pero no fue así.

Tuve que quedarme muy quieta para que ella se acercara… ¿Adónde corría esa niña?

……………

Y supongo que al final me lo jugaré todo a una sola carta, sin tener ni idea de cómo va el juego. Apostaré al 33 negro y cruzaré los dedos, soplaré el dado y le daré a enviar, a send, a play, a validar, a todas las teclas que pueda y que conozca. Aunque a la mañana siguiente –tú, en tu cama; yo, en ninguna mía– me duche cantándote en voz baja como si pudieras oírme y maldiga mi mala suerte.

El móvil vibrará y a mí se me seguirá alterando el pulso…

Cuando era imperfecta me sobraban tantas cosas...



Las cosas no son siempre lo que parecen. Y a veces, enero no trae sólo frío y lluvia pequeña...

ssssshhhhhhhhhhhhh...............



Si ahora tuviera la oportunidad, me arriesgaría. Me plantaría delante de ti y me limitaría a mirarte sin decir nada. Me he quedado sin palabras. Y el resto de cosas, me sobran.

Your head will collapse but there's nothing in



Esta mañana me apetecía fumar un cigarrillo en un descanso que he tenido. He salido a la calle pero resulta que no tenía fuego. He intentado conseguirlo pero no había apenas nadie en aquel lugar y los pocos que había no fumaban.

He vuelto al trabajo algo mustia y con las manos en los bolsillos.

Por la tarde, tenía ya en mi poder algo de fuego. Iba a fumar el primer cigarrillo del día y se me ha acercado una chica rubia. Me ha sonreído y me ha pedido un cigarrillo, por favor. Como me ha caído bien, se lo he dado y a partir de ahí nos hemos puesto a hablar. Le he contado que por la mañana no había conseguido fumar y ella me ha preguntado si iba a cierto sitio a trabajar. Me ha extrañado que lo supiera y me ha explicado que lo había deducido por la pinta. No he podido evitar reírme por la expresión que había utilizado. Por la pinta.

Hemos compartido tabaco, frío, y una espera de autobús en sitio inhóspito. A veces me gusta fumar con desconocidos.

5 extraños hábitos de Blenk



La señorita Wild se ha acordado de Blenk para pasar el testigo del momento así que no le voy a hacer un feo y como yo soy bastante ego y bastante céntrica... bien, pues allá vamos:

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito, de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo"Has sido elegido" y dices que lean el vuestro.

1. No puedo soportar llevar las gafas sucias. Me pongo nerviosa y busco donde sea un pañuelo de papel o cualquier otro tejido que me sirva para limpiarlas.

2. No me gustan los pijamas de verano así que no suelo usar (duermo en camiseta)

3. Siempre llevo anillos (generalmente uno en cada mano). Es que no sé verme las manos vacías.

3. No llevo nunca ropa ancha, me gustan las prendas ajustadas (eh, sin pasarse, no en plan morcillita)

4. Me cabrea quedar con alguien para hablar y que ponga la tele de fondo. Si hay confianza lo digo directamente y si no, pues me aguanto y ya se fastidió el buen clima.

5. Esa gente que te pone la cara cuando te da un beso (cuando te presentan a alguien, por ejemplo). O se besa o no se besa. Ya sé que hay muchos protocolos sobre este tema pero, mira, que yo soy de la vieja escuela.

Interesantísimo, ¿verdad?

No le paso el testigo a nadie porque soy muy buena, y me da igual que caiga una maldición sobre mí por no cumplir las reglas del juego. Si alguno de los habituales quiere animarse, ya sabe, que informe por aquí para que podamos cotillear más manías.

PD: ¿La foto? Bueno, no hay relación con el post, es que me ronda la mente hace días, en fin...

a punto estuvimos

el día que estuviste a punto de pronunciar mi nombre
era justo el octavo día de la semana
de un día extraño de veinticinco horas
cada una de ellas con sesenta y un segundos

aquel día desperté en vaqueros de la cama
con una botella de martini bajo la almohada
y un parche en el ojo

no era mi cama
ni era mi sueño
ni era una pesadilla más
era sólo
el día en que estuviste a punto de hacerlo

lo preparé todo como buena estratega
mapas, pistas, citas y colores favoritos
me crecí un centímetro
que era el necesario
para subir a tus ojos
y colgarme de tu cuello

luego imaginé que había pasado
y de tanto imaginarlo
me lo creí
y de tanto creerlo
lo conté a los que me miraban
por la mirilla del vestíbulo
de tu piso en aquel barrio
lejos del mío

el día que estuviste a punto de pronunciar mi nombre
era justo el primer día de la semana
un día normal en el trabajo
con veinticuatro horas seguidas
cada una de ellas con sesenta segundos
pesándome como siempre
tu falta
y tu cuello

a punto estuviste
y a punto estuve
de decírtelo

Tema del día: Winterlong, de los Pixies...

I waited for you winterlong
You seemed to be where I belong
It's all illusion anyway

If things should ever turn out wrong
And all the love we have is gone
It won't be easy
On that day...


Sospecha del día: creo que Castpost me ha bloqueado la cuenta por algún extraño motivo... colgar canciones prohibidas, ¿tal vez?

La típica historia de la detective que comete el peor de los errores



Llego a este punto de la historia con los ojos cerrados, con un pintalabios sin estrenar en el bolso y los vaqueros mojados de lluvia. Llego a esta parada de tren un poco sin saber qué hacer; podría cambiar de vida y atreverme a descubrirte o podría aprovechar el billete de vuelta y volverme para casa. Una casa pequeña, aunque suficiente para dos. Nunca me gustó elegir. Siempre recordaré aquella sentencia –¿era de Terenci Moix?- que afirmaba que hay dos grupos de personas: los amantes y los amados. Qué cierto, Terenci o quien fuera. Podemos alternar los dos papeles, amar o ser amados, o incluso ejercer los dos roles al mismo tiempo, que tal vez sería lo ideal. Pero no nos engañemos, hay gente que se deja querer. Y hay personas que pierden el cerebro, los papeles y la compostura amando.

De pequeña quería ser la mujer invisible, bueno, la niña invisible. Era una pequeña cotilla que soñaba con colarse en las casas ajenas para hacer travesuras. Hoy he deseado ser, de nuevo, invisible. Para poder colarme en tu casa y poder espiarte sin que me veas. Descubrir la ropa que llevas, oír la música que has puesto o llevarme a la boca ese trocito de pastel que te has dejado sin comer.

Te ofrezco mis bolsillos llenos de dudas y de contradicciones, para que cueles tus manos en ellos y los vacíes. Una agenda llena de citas pero con páginas en blanco, reservadas para ti, para que escribas tus deseos.Y compartir algún que otro domingo lluvioso. En una casa pequeña, pero suficiente.

Although I'm so tired, I'll have another cigarette...



You know I'd give you everything I've got for a little peace of mind

Blenk y su amiga han cenado juntas. Como cada viernes, han acabado tramando estrategias para pasar mejor los días. La vida se consume como un pitillo así que no hay tiempo que perder. Hemos vuelto a beber. Hemos vuelto a reír juntas y la noche nos ha echado un cable. Esº genial sentirse así.

De intertextualidades, incógnitas y abandonos de trabajo



Esta semana he visto mi rostro tres veces. La primera fue en las rebajas, en el Corte Inglés, para ser más concreta. En forma de cuadro con marco. Allí estaba yo. Me quedé mirando por si alguien pillaba la pista. Fracaso.

La segunda vez fue en la calle, en el escaparate de una tienda de ropa interior. Mi cara en la parte superior de un pijama feísimo. Estuve algunos minutos delante del escaparate. Pero nadie se detuvo a mi lado. Derrota.

Y la tercera vez ha sido en el tren. Me siento y la señora del asiento de enfrente sostiene una bolsa, desgastadísima, con mi imagen. Me la quedo mirando fíjamente, paso prácticamente todo el trayecto con los ojos clavados pero... nadie repara en ello. La señora se baja del tren y yo me bajo de mí misma. Pérdida.

¿Es que no hay nadie, absolutamente nadie, que recoja pistas?

Joder, qué solos se sienten los solos...

Ni sabe, ni contesta, ni se lo plantea



¿Por qué Mr. Proper pasó a llamarse Don Limpio?

¿Por qué cuesta tanto que caiga la última pastillita de la caja de Smint?

¿Por qué Renfe llega siempre con retraso?

¿Por qué la última pipa de la bolsa sabe amarga y te deja el mal gusto todo el día?

¿Por qué el primer y único DVD que compras en el top manta tiene fastidiado el final?

¿Por qué los dos partidos más votados se pusieron de acuerdo en aprobar la constitución europea?

¿Por qué siempre nos atraen las personas más inalcanzables?

Aunque sea mentira...

- Carol, no puedo dormir.
- Va, venga, que es muy tarde. Relájate y no pienses en nada.
- Ya, como si fuera tan fácil.
- Inténtalo...
- Cuéntame una historia, anda.
- Bufff, es que ya no me salen, ya sabes.
- Da igual, es sólo para coger el sueño, anda... aquella de la profesora azul...
- No está acabada y, además, es un rollo.
- Sólo un poquito, venga, por favor, el principio sólo, eh?
- Vaaaale, vale. Pero calla y no me interrumpas, que me cortas el rollo.
- Ok.
- Bueno, pues aquella profesora era amarilla, supongo que aún te acuerdas de ella. Trabajaba aquí mismo, dos calles más allá, en aquel colegio. Era feliz, bueno, no del todo, a medias sólo, como la gran mayoría de nosotros. Iba y venía de su casa al colegio, del colegio a su casa. Y nunca equivocaba el recorrido, bueno, sí, algunos domingos, que era cuando iba a comer a casa de los padres de su novio. Porque ella era muy formal, nunca faltaba a aquellas comidas. Le aburrían un poquito, sobre todo a la hora de los postres, porque siempre ponían tarta de nata, y ella prefería el chocolate. Era tan educada que nunca se quejó. Jamás dejaba una sola cucharada en el plato.

Pero un día de invierno, un domingo de enero, le sucedió algo extraño. Pasó por debajo del ático de la niña de los discos azules, como tantas otras veces, pero aquel domingo se oía una especie de música. Muy tranquila, muy suave, pero hipnótica. La profesora amarilla sabía que no debía pararse a escuchar aquel tema... eran casi las dos y la esperaban para comer. Tarta de nata de postre, pensó. Y se quedó muy quieta debajo del balcón de aquel ático. Y escuchó perfectamente...



Era genial. Se dejó llevar. Se quedó inmóvil, ojos cerrados y el corazón parado. No latía pero lo notaba más vivo que nunca. Cuando terminó la canción, la niña de los discos azules la estaba mirando. Nunca la había visto de cerca. Como mucho, la había encontrado en algún vagón del tren, en el último asiento. No gozaba de buena reputación en la ciudad. No era bien vista, nadie le dirigía la palabra. No recibía cartas y ni siquiera la compañía del agua se atrevía a cobrarle las facturas. Apenas gastaba agua, pero la poca que consumía le salía gratis. Lo mismo con la luz. Nunca llegó a instalar el teléfono, claro, si no hablaba con nadie! Decían que era muda.

Y allí estaba ella, frente a la niña de los discos azules, sin saber qué hacer. No sabía si lo que sentía era miedo o curiosidad. La miró. Y se dio cuenta de que de cerca era realmente guapa. Posiblemente, jamás se había encontrado con alguien tan bello. Y supo que nunca vería nada igual. Nunca.

La profesora amarilla no fue a comer aquel domingo a casa de su novio.

A la mañana siguiente, al ducharse, se dio cuenta de que la piel le estaba cambiando de color. Ya no era amarilla, el color natural, sino que iba adquiriendo un tono azulado. Se asustó, pensó que estaba enferma... Se tomó la temperatura, se tomó el pulso, la tensión... Todo estaba bien y la verdad es que se sentía mejor que nunca. Tenía un gusto sutil a chocolate en los labios. Y no recordaba haber comido chocolate. Qué extraño era todo.

Vio que era tardísimo y que debía darse prisa si quería llegar puntual al colegio. Como cada lunes, como cada mañana de su vida. No desayunó porque no le daba tiempo y al coger el abrigo del comedor vio algo que la hizo retroceder antes de irse. Había alguien en el sofá, alguien cubierto por una manta, una figura pequeña y silenciosa. Se acercó y levantó con mucho cuidado la manta... era la niña de los discos azules. Dormía en calma, tranquila y relajada. Como si llevara mil horas allí.

La profesora, que ya era del todo azul, le dio un beso y salió de casa sin hacer ruido, para no despertarla.
¿Hola?

- Uuuuummm......
- ¿Estás dormida?
- Uuuummmm......
- He acabado la historia.
- Uuuummmm......
- Vaya, no te has enterado de nada...
- Uuuummm......sí....me ha gustado....uummm...qué sueño.......
- Genial, ha funcionado....

(Editado a finales del 2006, porque ahora comprendo el significado exacto de este post... y a quién iba realmente dedicado)

Es lo que tienen los festivos…



Que se pone a llover.

Que descubro un sitio genial con uno de los temas que más me gustan.
Que trato de aprender palabras bonitas en otros idiomas, por sorprender y sorprenderme.
Que me distraigo mirando videoclips, unos más dulces, otros más duros.
Que suelo volver a leer a los de siempre,
O a mirar esas fotos transgresoras.
Para acabar con algún tema recurrente.

Es lo que tienen los festivos.
Ocio, descanso y la cabeza centrifugando dudas y fugas.

Robando pistas



¿Qué es lo primero que haces al despertarte?

Después de parar dos despertadores (el convencional y la alarma del móvil), digo "joder" en voz baja (no exagero, lo digo siempre) y me pongo las gafas.

¿Qué haces justo antes de irte a dormir?

Me lavo los dientes y me pongo protector labial. Ah, bueno, y me cabreo porque son las tantas de la noche y tengo que madrugar...

Si tu ne m'aimes pas, je t'aime: si je t'aime, prends garde à toi…



Supe que eso pasaría si algún día veía sus fotos. Ya no tendría escapatoria. Sería un viaje al infierno, un trayecto desquiciado y desquiciante. Mis cosas ya no me pertenecen. Mi mesa de trabajo se compone de objetos que desconoces: el sujetamóvil, la impresora loca, la taza de café, el cd que improvisé con tus canciones, la bola de cristal Rosebud, la Traviata en dvd que no he visto, el libro de poesía italiana, la foto de Garbo tan pequeña…

Y mi vida tan lejana de la suya.

El reloj se me ha parado a las 4:46 AM. Últimamente, quemo las tostadas por la mañana; yo, que me creía experta en desayunos ahora resulta que no soy experta en apenas nada. He llorado con la boca llena de Listerine Menta Polar. Me miraba en el espejo y pensaba que era porque el sabor era muy fuerte. Lo he escupido y seguía igual. Pero no daban en la tele ese anuncio de la niña que dice que todos tenemos un botón oculto que nos quita las penas y que nos limpia de males. Hace días que no enciendo la tele. El móvil con la batería a punto de agotarse, pero suficiente para escribir aún cuatro palabras: dos verbos, un adverbio de negación y un pronombre personal. Nunca se me dio bien la sintaxis. En la facultad de letras había dos grupos: los de literatura y los de lengua. A los del primer grupo no se nos daba bien la sintaxis. Los de lengua eran muy relamidos, ellos eran los perfectos, los especialistas en lingüística. Pero nosotros besábamos mucho mejor. Infinitamente mejor, de eso no hay duda. Tal vez por eso, al acabar la carrera, ellos encontraban trabajo enseguida mientras que nosotros no.

Como dije antes, el mensaje tenía cuatro palabras. El orden era clave ya que si las escribía desordenadas cobrarían otro sentido muy distinto al original. De las cuatro, hay una que duele más que el resto: el pronombre personal. Cada vez más y más impersonal.

Hace días que me he desterrado voluntariamente del mundo exterior. No veo noticias ni leo prensa. Necesito desintoxicarme de mentiras y de imágenes feas. Me han dicho que en algún lugar de Estados Unidos sólo se puede fumar en la calle a ocho metros de distancia de los edificios. También me han explicado que el Ayuntamiento de Barcelona va a registrar las basuras de los vecinos que tiren los desperdicios fuera de los contenedores. Para multarles, supongo. Todo un cuerpo policial buscando pistas en la basura para descubrir la identidad de los culpables.

Anoche, al sacar la basura, me entró pánico. Cogí la bolsa y la volví a a subir a casa. Me puse a borrar pistas: una cajetilla de Fortuna azul (está prohibido decir light), el papel de regalo de un regalo invisible, una caricatura de Carol niña, otra cajetilla de Camel, el ticket de compra de unos libros de cine, una página mal impresa… Me puse a examinar las pistas y pensé que era muy probable que me descubrieran. No a mí sino a mi secreto.

Así que un poco antes de las 4:46 me puse a hacer una hoguera chiquitita en medio del comedor para quemar las pruebas de mi delito. Después de eso se me paró el reloj.

Estuvimos tan cerca...



Llevo días pidiendo que me cuenten una historia bonita. Hoy, por fin, la he conseguido…

- A ver si lo entiendo… ¿dices que te has colgado de mí?
- Sí.
- Pero si apenas nos conocemos.
- Ya.
- ¿Y qué se supone que tengo que decirte?
- Lo que piensas, bueno, no, mejor me dices lo que sientes tú.

Dani se queda callado. Se enciende un cigarro y se pone a mirar por la cristalera del bar.

- ¿No vas a contestar?
- Estoy pensando.

Silencio. Elena cada vez está más nerviosa.

- Estoy pensando que dentro de quince minutos sale mi tren.
- Bueno, puedes coger el siguiente…
- Es festivo y ese es el último. Mañana me vuelvo a Donosti.
- Eso no lo sabía, me podrías haber avisado, Dani.
- Qué gracia, tampoco sabía yo que te habías colgado y mira de qué manera tendré que…

De repente, ella se levanta, coge su abrigo y el bolso. El abrigo le hace juego con los ojos.

- Vámonos.
- ¿Qué?
- Vente conmigo, pierde ese tren y pasa la noche en mi casa. Mañana es uno de enero, no me digas que tienes que currar.
- Pero…
- Dani, vente conmigo. Por favor. Y mañana, si aún quieres, coge ese tren y vuelve a tu puta casa.

Dani se levanta, torpe, se le cae el móvil, el paquete de Chester y algunas monedas que había sobre la mesa. El pelo le hace juego con la camiseta.

Se miran, se sonríen.

- ¿Te gusta Vivaldi?

Él la mira divertido. Pero con el corazón que se le sale del cuerpo.

- No demasiado, la verdad.
- Yo no lo soporto, me van más los rusos.
- ¿Del XIX?
- Sí.
- Bueno, pues eso es genial, no?

Salen del bar.

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