De cómo la tipa se puso nostálgica en un mal momento



Esta tarde un señor me ha preguntado algo que me ha dejado, ¿cómo decirlo?, perpleja y algo descolocada. No importa en qué contexto ha sucedido ni de qué manera, lo relevante ha sido la pregunta que me ha dirigido, después de girarse porque ya se iba.

- Oye, ¿tú eres hija del señor tal?

Me he quedado parada porque era algo que no habría imaginado. No había visto a ese tipo en mi vida, y supongo que él tampoco a mí. Le he contestado que sí, casi en un susurro.

- Lo imaginaba, eres clavada a él. Yo conocí a tu padre, fuimos compañeros de trabajo…

Lo ha dicho de una manera dulce, casi tierna, recordando a mi padre, cómo era físicamente… Pero se ha debido dar cuenta de mi turbación y ha dejado de hablar. Se ha despedido con mucha educación. Yo no he sido capaz de hacerle ninguna pregunta y me he despedido de él sabiendo que lo más probable es que nunca vuelva a coincidir con él.

Que yo recuerde, nadie me dice nunca que me parezco a mi padre. Totalmente diferentes. Lo único que heredé de él, tal vez, las manos. Las suyas no eran las típicas manos masculinas sino delicadas, alguien le dijo alguna vez que tenía pinta de pianista.

El señor desconocido me ha revuelto el pasado. Se me han agolpado los recuerdos aquí, justo en la garganta, donde más duele. Como unas anginas espontáneas. No sé si ha sido un golpe de tristeza, de nostalgia, de sentimiento de pérdida, de lo que pudo haber sido y no fue. No sé, no sé.

Y así me he pasado la tarde pensando en mi padre. Intentando recordar frases, imágenes, voces, yo qué sé. Pero tengo poco material. Porque no tuve tiempo de almacenarlo… y porque fui una inmadura justo cuando no tenía que serlo.

El señor desconocido me ha dejado con la duda. Me miro en el espejo y no hallo parecido alguno. Mi padre era guapo, tenía cara de galán de película. Cigarrillo rubio en mano y mirada ausente. Esa es la imagen. Y vuelvo a mirarme, no sea que no me haya visto bien. No, yo soy diferente. Nadie me comentó nunca aquel parecido. Los ojos sí, los ojos son toditos de tu madre, niña, más claritos porque tú aún eres joven.

Después de desenredarme los recuerdos, he llegado a una conclusión. Mi padre, en realidad, tenía los ojos verdes, pero se le pusieron oscuros de tanto tomar café.

2 comentarios:

mICrO 26/9/05 12:35  

Quizás el parecido que tenemos con nuestros padres no se ve solo con los ojos, o quizás nos parecemos mas a ellos de lo que creemos, pero de una forma u otra este post ataran tus ruerdos un poco, para que vuelvas por ellos, cuando quieras.

Carol Blenk 26/9/05 21:29  

Micro, pues sí, lo mismo tienes razón y resulta que me parezco un poco a él, de esa manera físicamente imperceptible... De todos modos, prefiero no releer este tipo de posts porque me ponen un tanto triste.

Besos

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer